Nuestra Tradición, una historia que se perpetúa

Prolegómenos

Muy lejos quedan, en el principio de esta crónica, aquellas postreras décadas de guerra con el Reino moro de Granada; Cieza, entonces villa fronteriza, era un pequeño núcleo amurallado, poblado por algo más de doscientos habitantes, que guardaba fidelidad al Rey y a San Bartolomé, su Patrón. Es en esa época donde se encuentra el origen de la Semana Santa ciezana y de sus primeras Cofradías o Hermandades.

Respecto a la denominación Cofradía o Hermandad , y al margen de que todas las hoy existentes ostenten por su naturaleza el título de Cofradía , en la Semana Santa de Cieza ambos términos, al igual que sucede con los vocablos Cofrade y Hermano , se han venido utilizando indistintamente con idéntica significación desde sus orígenes (no resulta raro, pues, ni conduce a confusión encontrarnos, por ejemplo, con el acuerdo de los Hermanos de una Cofradía acerca de la cuota a pagar por ser Cofrades de dicha Hermandad ).

En sentido parecido debe abordarse el problema de las variantes en las advocaciones de las Cofradías. El elemento popular ha jugado aquí desde siempre un papel preponderante, de modo que según las épocas los usos del pueblo, o la denominación con que éste se refería a los Pasos, han abreviado el título de las Cofradías (cf. Cofradía del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús ³ Cofradía de Jesús ...), lo han modificado (cf. Cofradía de Jesús de Nazareno ³ Cofradía de Nuestro Padre Jesús ³ Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno ...), o lo han cambiado (cf. Cofradía de la Oración del Huerto y el Santo Sepulcro ³ Cofradía de los Dormis ), e incluso han designado a la Cofradía y al Paso titular de maneras distintas (cf . Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad , pero Paso de Nuestra Señora de los Dolores , y viceversa), hasta el extremo de que las propias Cofradías no sólo no han podido sustraerse a tales usos sino que incluso no han tenido reparos en adoptarlos.

La Semana Santa de Cieza nace claramente ligada a los Dominicos y más concretamente a las predicaciones de San Vicente Ferrer , quien entraba en las ciudades entre largas filas de acompañantes, de los cuales unos eran disciplinantes que se flagelaban en público mientras los otros los alumbraban con hachones. Los primeros darán lugar en las Cofradías a los Hermanos de sangre o Penitentes ; los segundos a los Hermanos de luz .

En nuestra ciudad los blandones de cera o cirios serán la característica de los Hermanos de Luz , hoy Tercio de Nazarenos -o Foto: ArchivoCapuruchos , como los denomina el pueblo por su indumentaria-, hasta la aparición en pleno siglo XX de los primeros báculos eléctricos, que reducirá a casos puntuales el uso de la cera. Los Penitentes , por su parte, cambiarán con el correr de los siglos el flagelo por el uso de cruces de madera, piedras o cadenas como instrumentos de mortificación, de los cuales hoy sólo perviven, y de manera muy restringida y casi testimonial, la cruz de madera y la costumbre de desfilar descalzos.

Con el paso del tiempo la dualidad Tercio de Nazarenos - Tercio de Penitentes tenderá a perderse y a simplificarse en beneficio de un único Tercio; tanto es así que en algunas Cofradías el Tercio de Nazarenos desfila con báculos por la noche y se convierte en Tercio de Penitentes con cruces a la mañana siguiente.

El carácter de las Cofradías tampoco ha permanecido ajeno al transcurso de los tiempos. Las primeras Cofradías nacen definidas por su enfoque bien hacia el culto, la práctica de la caridad, y el acompañamiento y oración por los difuntos ( devocionales ), bien hacia la práctica de la penitencia ( penitenciales ), bien con un carácter mixto. Unas, como la primitiva Hermandad de Ánimas , conservarán durante su existencia su condición original; pero otras incorporarán antes o después, sin excluir los fines antedichos, Pasos procesionales propios de la Semana Santa convirtiéndose en Cofradías eminentemente Pasionarias en las que el culto a la Imagen y su procesión pasa a ser fundamental; aún así algunas de éstas últimas observarán en sus reglas todos o casi todos los fines antedichos (tal es hoy también el panorama cofradiero ciezano). Finalmente las habrá incluso que en función de las circunstancias socio-económicas sumen a aquellos ciertas disposiciones de carácter social más propias de los gremios o de las hermandades profesionales.

Por otra parte, con la aparición de los primeros Pasos procesionales surgirá la figura del Andero : el que lleva a hombros las Andas o Trono sobre las que va la Imagen . Los Anderos llegarán a ser tan fundamentales en la Semana Santa de Cieza que en determinados casos y momentos percibirán incluso paga por desempeñar ese cometido (así en un Acta de la Junta de Hermandades Pasionarias fechada el 29 de Marzo de 1957 "Igualmente se acuerda fijar un tope en los honorarios que perciben los Anderos, señalando el de diez pesetas por salida y hombre" ).

De los orígenes al siglo XVI

La predicación de San Vicente Ferrer en Cieza en el año 1411 propició el nacimiento de las primeras Cofradías vinculadas con la Semana Santa de nuestra localidad: la Cofradía de la Sangre de Cristo (con toda probabilidad ese mismo año) y la Cofradía del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús . Con esa marca de antigüedad las recoge, por mandato de Felipe II, el Bachiller Alonso Marín y Mena en el año 1579 en su Descripción y Relación de la Villa de Cieza : "A veinticinco días del mes de Marzo, año del nacimiento de nuestro redemptor Jesucristo, de mil y quinientos y setenta y nueve, el bachiller Alonso Marín y Mena, de edad de quarenta años, y Joan García, el viejo, de edad de ochenta, y Martín Ruiz de Soler, el viejo, de edad de setenta y uno, vecinos y naturales desta dicha villa.... A los cuarenta capítulos dixeron: ay tres Cofradías, una del dicho Apóstol San Bartolomé, otra de la Sangre de Cristo, y otra del Dulce y Santísimo Nombre de Jhesús", testimonio que permite asegurar que ambas Cofradías, de las que a lo largo del siglo XVI se tienen numerosas referencias en mandas y testamentos que confirman su antigüedad, hunden sus raíces efectivamente en el siglo XV.

La Cofradía de la Sangre de Cristo organizaba desde sus oríFoto: José Morales Ríosgenes, a primera hora de la mañana del Viernes Santo, un Vía Crucis en el que largas filas de penitentes desfilaban tras la cruz parroquial y su pendón haciendo su profesión de fé y rezando (génesis de la Procesión del Penitente ). Posiblemente desde principios del siglo XVII contó por titular con un Crucificado con el que, desenclavado de la cruz y depositado en una urna, se celebraba por la tarde la Procesión del Santo Entierro de Cristo , a la que muy pronto se sumó el Paso de Nuestra Señora de la Soledad , al principio probablemente como Paso de esta Cofradía.

Poco se sabe del Crucificado en cuestión. Cabe la posibilidad de que la Cofradía lo incorporara a su cortejo con posterioridad a su fundación; de haber sucedido así, bien pudo tratarse del Cristo que en 1612 regalara a la villa D. Diego Padilla. Dicho crucificado fue instalado en una pequeña ermita sita a las afueras de la ciudad, en el Cabezo de las Horcas (hoy Barrio de la Horta), en cuyas cuestas finalizaban las capillas de un viacrucis que también había mandado construir ese año D. Diego y del que todavía hoy se conservan restos. Sólo la advocación de la Imagen parece poner una pega a esta hipótesis, ya que en un Acta Capitular de 1745 aparece mencionada la ermita como Ermita del Santo Cristo del Calvario, aunque puede que ésa sea sólo una denominación popular derivada del hecho de que en dicha ermita finalizara el viacrucis o calvario antes referido (un hecho similar sucede hoy con el Stmo. Cristo de la Agonía, titular de la Procesión del Silencio, y al que mucha gente suele referirse por esa razón como Cristo del Silencio).

Bajo el nombre de Cofradía del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús pueden albergarse o sucederse, como en otras ciudades en las que está atestiguada su vinculación con la Orden Dominica, dos advocaciones diferentes: la del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús , de carácter meramente devocional, y la de Jesús Nazareno , de carácter eminentemente pasionario, advocación ésta última que acabará eclipsando y aglutinando a la anterior y que será la que perviva hasta nuestros días; bajo tales auspicios parece haber comenzado a procesionar Jueves Santo una primera Imagen de Jesús Nazareno .

La vinculación entre la Cofradía del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús , y la Cofradía de Jesús de Nazareno parece más que evidente pues todavía a principios del siglo XX ésta última organiza y costea la Función del Dulce Nombre de Jesús .

Momento trascendental para la Semana Santa de la villa será el establecimiento en Cieza de los Franciscanos en las postrimerías del siglo XVI; así, en el último cuarto de este siglo predica en Cieza el franciscano Fray Pedro Lobo , que funda en el año 1585 la Hermandad de la Cruz , la más antigua de cuantas han poseído en el tiempo dicha denominación y que en sus reglas recoge la obligatoriedad que tienen sus componentes de salir en Procesión el Jueves Santo, ceñidas sus túnicas con sogas de esparto, con sandalias y llevando delante la Cruz principal. De esta Cofradía, que parece haber tenido carácter penitencial y no haber procesionado Paso alguno, no se poseen datos posteriores.

A finales de este mismo siglo aparecerá también la Cofradía del Santísimo Sacramento , de carácter devocional, orientada hacia el culto al Santísimo y a la Procesión del Corpus .

El siglo XVII

Una valiosa referencia fechada en 1630 nos confirma que en los albores de este siglo "hay tres Procesiones, la del Señor Padre Jesús , la de Jueves Santo y la de Viernes Santo".

Si esa relación de Procesiones responde a un orden cronológico de celebración, criterio que podría verse corroborado a partir de la redacción de un Acta Capitular de 1693 citada más adelante, la del Señor Padre Jesús podría referirse a una Procesión organizada con motivo de la festividad del Dulce y Santísimo Nombre de Jesús (Hay constancia en 1671 de la celebración de la Procesión del Nombre de Jesús ).

La de Jueves Santo tendría lugar en la tarde-noche de este día con la participación de la Imagen de Jesús Nazareno , cuya Cofradía organiza y costea a su término el Sermón de Pasión , costumbre que caerá en total desuso en los años que siguieron a la guerra civil (1936-1939). La de Viernes Santo no es el Vía crucis de la mañana, sino la Procesión vespertina del Santo Entierro organizada por la Cofradía de la Sangre como se ha referido.

Durante el siglo XVII, y tras su asentamiento en la Ermita de San Sebastián, los Franciscanos fomentan la tarde de Jueves Santo el traslado del Santísimo en un arca y el posterior Sermón del Mandato (tras la guerra civil -1936-1939- Oficios del Mandato y Lavatorio ), y contribuyen a la continuidad de la Procesión del Santo Entierro la tarde de Viernes Santo, trasladando al Cristo de la Sangre , como antes se ha descrito, junto a una imagen enlutada de la Virgen ( Nuestra Señora de la Soledad ) a la parroquial, donde las Imágenes eran colocadas en un altar. Los documentos relativos a la posterior edificación del Convento de Franciscanos Descalzos de San Joaquín aportarán nuevos datos: en 1682 el Acta de cesión de terrenos para su construcción reafirma la vigencia de la Procesión del Santo Entierro en la que desfilan con toda seguridad los Pasos de la Santa Cruz , El Santo Sepulcro (con la Imagen del Santísimo Cristo de la Sangre ) y Nuestra Señora de la Soledad .

Foto: ArchivoEn 1692 la Cofradía de Jesús de Nazareno (hoy Cofradía de Jesús -Nazareno- ) y la de Nuestra Señora de la Soledad (hoy Cofradía de María Santísima de la Soledad ), cuyos respectivos Pasos se ha referido existen desde bastante tiempo atrás, solicitan a un tiempo constituciones propias, quedando íntimamente ligadas entre sí en sus cultos hasta principios del siglo XX.

Finalmente una valiosísima Acta Capitular de 1693 nos refiere cómo habían quedado establecidos los Desfiles Procesionales ciezanos a finales del XVII. "Esta villa tiene por costumbre la obligación de asistir por sus alféreces a las fiestas procesionales que se celebran por decreto y que desde hace tiempo conste que acordaron que fuesen la de Nuestro Señor Padre Jesús, la de Domingo de Ramos (Litúrgica de las Palmas) , la de Jueves Santo (organizada por la Cofradía de Jesús de Nazareno) , la de Viernes Santo (Santo Entierro) y la de la Dolorosa (Procesión que tenía lugar en el mes de septiembre) , que sería obligación de los señores capitulares asistan a ellas sosteniendo los pendones".

Durante los siglos XV- XVII las Procesiones se circunscribieron posiblemente a las calles denominadas actualmente, Plaza Mayor, Cid, La Parra, Rincón de los Pinos, Larga, Cánovas del Castillo, Barco, Hoz y Plaza Mayor, y sólo en el XVIII ampliarían este itinerario a las calles Buitragos, Hoyo y Cadenas, como parece asegurar el hecho de que algunas de las Procesiones consistieran en el traslado de los Pasos desde la Iglesia Parroquial, consagrada posteriormente como Basílica, de Nuestra Señora de la Asunción, sita en la Plaza Mayor, hasta la Ermita de San Sebastián (o a la inversa), ubicada entonces en las afueras de la villa a la salida de la actual calle Buitragos.
Foto: Antonio Marín Oliver

Las túnicas de este periodo eran de telas bastas, a veces hechas de sacos, y sus colores no guardaban una uniformidad estricta, variando del negro al blanco, y del azul al morado y encarnado; los cofrades llevaban la túnica ceñida con sogas de esparto, iban descalzos o con sandalias y cubiertos con un verduguillo o un capirote (de donde "capirucho" y después "capurucho"). Y los Pasos (conjunto que integran la Imagen o Imágenes y las Andas o Trono) eran portados a hombros, costumbre ésta que se ha venido respetando escrupulosamente hasta nuestros días y cuya continuidad es un aliciente añadido y un motivo de orgullo para los Cofrades que hoy ofician como Anderos.

El siglo XVIII

El nuevo siglo será testigo de importantes cambios e innovaciones; de él datan, por ejemplo, las primeras referencias documentales a la reverenciada Imagen del Santísimo Cristo del Consuelo , que contará desde esta época y hasta su ubicación definitiva en la Ermita extramuros de la Virgen del Buen Suceso (hoy Ermita del Santísimo Cristo del Consuelo) con capilla propia en la iglesia parroquial.

En 1724 se funda la Cofradía de San Pedro , orientada en una primera época que llega hasta mediados del siglo XIX al culto y celebración de la Fiesta del Santo, y cuyo ingreso en la misma se permite en esta primera época sólo al clero.

Las Constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de 1730 evidencian la celebración, desde los inicios de ese siglo al menos, de laFoto: Archivo Procesión de Jesús Resucitado a primera hora del Domingo de Resurrección en la que dicha Cofradía procesiona con su Imagen titular acompañando bien a una Imagen de Jesús Resucitado , de la que sabemos que durante el siglo siguiente recibe culto en la capilla del Santísimo de la Parroquial, bien a la Custodia , representación alegórica que todavía subsiste en otras localidades de la geografía nacional; en tanto que el Sermón de Pasión pronunciado en 1741 confirma la plena vigencia del Vía crucis matinal de Viernes Santo ("Los que se hayan de azotar mañana sean puntuales pues la Procesión no espera a nadie") organizado por la Cofradía de la Sangre .

En 1765 se funda en el Convento de Franciscanos Descalzos de San Joaquín la Cofradía de la Virgen de los Siete Dolores (aunque la Imagen existe desde tiempo atrás), popularmente conocida como "la Dolorosa" y sin otra conexión con la otra Virgen Dolorosa de la localidad, Nuestra Señora de la Soledad , que la idéntica denominación que a ambas le otorgó a veces el pueblo (el Paso de "la Dolorosa" no se incorporará, sin embargo, a las Procesiones de Semana Santa hasta el último tercio del siglo XIX).

Precisamente un Acta de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad nos revela la existencia en 1767 de cuatro Procesiones: una en la tarde-noche de Jueves Santo; dos en la mañana y en la tarde-noche del Viernes Santo respectivamente; y la cuarta y última en la mañana del Domingo de Resurrección.

Parece probable que en la segunda mitad del siglo la Procesión de Jueves Santo comienza a incluir otros Pasos como El Señor de la Columna comenzando a conformarse como la Procesión General de la Semana Santa ciezana.

Un proceso similar afectará también al Vía crucis de la mañana de Viernes Santo, que va adquiriendo rasgos propios de Procesión al sumarse primeramente el Paso de Jesús Nazareno con la cruz a cuestas y en 1784 el de Nuestra Señora de Soledad . Por otra parte, a finales de este siglo comenzará a celebrarse a las tres de la tarde el Sermón de Agonía , que lo hará ininterrumpidamente hasta su supresión en los primeros años de la década de los cuarenta del siglo XX, años en los que también intentó implantarse, sin éxito, el Sermón de las siete palabras , pasando a llamarse la Función durante ese breve período de tiempo Oratorio de Agonía y Sermón de las siete palabras .

De manera similar la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad promueve desde 1785, al término de la Procesión del Santo Entierro , el Sermón de Soledad , vigente hasta el último tercio del siglo XX y del que hoy se conserva una leve reminiscencia.

Especial protagonismo cobran en el siglo que nos ocupa y en todo el país los gremios, que bajo la apariencia de Hermandades, de las que no en vano atesoraban una parte importante, se beneficiaban ante la posibilidad de eludir parte de los impuestos reales. Para normalizar esta situación, un Decreto de Regulación hecho efectivo por el Conde de Aranda bajo mandato del Rey y de los Reales Consejos en el último tercio del siglo XVIII motiva la extinción de las Cofradías erigidas sin autoridad Real ni eclesiástica, muchas de ellas gremiales. El Decreto insta asimismo a las Cofradías aprobadas por la jurisdicción Real y eclesiástica a que regularicen su situación, haciendo nuevas constituciones y suprimiendo los excesos y gastos superfluos; y permite que las erigidas por una sola jurisdicción, para no desaparecer, puedan subsistir bajo la Sacramental de cada Parroquia (en Cieza la Cofradía del Santísimo Sacramento , erigida en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, única Parroquia de la villa).

Por lo que a las Cofradías se refiere, esta intervención estatal no resulta tampoco extraña si se tiene en cuenta la expansión económica que aquellas experimentan durante este siglo y el anterior, y la pretensión del estado de que las actividades de las mismas no escondieran otros fines que los que por su naturaleza les eran propios. En el caso de las Cofradías ciezanas fuentes habituales de ingresos eran la tarja de entrada a la Cofradía, la cuota anual y las aportaciones de cera de los Cofrades; asimismo las limosnas recogidas de las postulaciones en las Procesiones (costumbre que se prohibió tras la guerra civil 1936-1939), en las Funciones y Novenarios, y a las entradas de las iglesias; la venta de los productos de las colectas en especie y los arrendamientos; por último, pero importantísimos también, los censos anuales que a manera de usufructo ostentaban las Cofradías por mandas testamentarias así como los legados puntuales establecidos en ellas.

El censo realizado a raíz del Decreto del Conde de Aranda confirma la existencia y legalidad en Cieza de cinco Cofradías: Jesús, Soledad, Dolorosa, Santísimo Sacramento y Ánimas (ésta última no participaba en las Procesiones); y ocasiona, como hecho más importante, que la Cofradía de la Sangre se incorpore con toda probabilidad al seno de la Cofradía del Santísimo , que acogerá sus Pasos hasta el primer tercio del siglo XX.

El siglo XIX

Por los Libros de Actas conservados sabemos que, salvo excepciones puntuales (adquisición del Paso de La Oración del Huerto por la Cofradía de Jesús , creación de la Hermandad de la Convocatoria de Jesús -organizadora desde su fundación del Prendimiento en la tarde de Miércoles Santo-,...), el primer tercio del siglo XIX supuso un parón en el devenir de la Semana Santa de Cieza; dos son las causas que parecen motivar esta situación: la guerra de la independencia en 1808 y las sucesivas epidemias que, como la del cólera de 1812, afectan con profusión a los vecinos de Cieza. A éstas, y conforme avance el siglo, se irán sumando otras (supresión de algunas órdenes religiosas, desamortizaciones, expansión del liberalismo, y enfrentamiento de la burguesía y el proletariado) que en Cieza se reflejarán en un abandono manifiesto del mundo cofradiero.

Será entonces cuando, para remediar la situación, tome forma un protectorado de conservación de los patrimonios de las Cofradías que harán suyo familias locales con medios económicos suficientes: surgen así, cobrando un protagonismo inusitado y con un rango similar o superior incluso al de las propias Cofradías, las Camarerías y Mayordomías , históricamente importantísimas desde entonces y hasta mediado el siglo XX, por cuanto Camareras y Mayordomos se convierten en depositarios de los bienes de las Cofradías y en únicos responsables de su perfecta conservación; las Camarerías y Mayordomías desembocaron a finales del siglo XIX en auténticos mecenazgos en los que la figura de la Camarera o del Mayordomo, hoy vigente todavía en un reducido número de Pasos, era la que asumía los gastos que ocasionaba el arreglo del Paso e incluso la ejecución de Pasos nuevos, sobre los que mantenían derechos de propiedad.

Sólo así se puede explicar el relanzamiento que experimenta la Semana Santa en el último tercio del s. XIX, época en la que las familias pudientes de la localidad (nombres imprescindibles son D. Antonio y Dña. Visitación Aguado , y D. Pedro Marín Martínez ) abordan la realización de nuevos Pasos ( Santa María Magdalena , La Samaritana ...) y favorecen la creación de nuevas Cofradías ( San Juan , Santa Verónica ) o la reorganización de otras ( San Pedro ), lo que motivará que los Desfiles queden estructurados en torno al Miércoles Santo ( Prendimiento ), Jueves Santo ( Procesión General ), Viernes Santo en la mañana ( Vía Crucis - Procesión del Penitente ), Viernes Santo en la tarde ( Procesión del Santo Entierro ) y Domingo de Resurrección ( Procesión del Resucitado ), y que Pasos y Cofradías configuren un sistema no regulado de bloques (no es válido el término "agrupación" pues implica relaciones de filiación o legales no constatadas) en el que el color del atuendo era el distintivo (sistema que responde a múltiples razones, entre ellas las rivalidades familiares, políticas y la separación de clases) y en el que sobresalen por antigüedad, por patrimonio por significación "negros" y "coloraos" (así una crónica posterior nos refiere que en esta época " predominaban el negro, el rojo y el blanco ").
Foto: Pascual Semitiel

El siglo XIX será testigo también del afianzamiento del Acto -Representación, Sermón y Procesión- del Prendimiento , así como de la Cortesía en el marco de la Procesión del Domingo de Resurrección; del surgir, en sus últimas décadas, de un hecho muy característico de la Semana Santa ciezana, la Traída de los Santos (Jueves Santo en la tarde hasta el principio de la década de los treinta del siglo XX y Miércoles Santo en la tarde desde entonces hasta la década de los setenta) , como preámbulo de la Procesión General , desde la Ermita extramuros del Santísimo Cristo del Consuelo hasta la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, en lo que puede considerarse la génesis de los Traslados de nuestra Semana Santa; y de una nueva modificación de la "carrera" de Procesión que, con inicio y fin en dicha iglesia, sufrirá una nueva ampliación, derivada nuevamente de la propia expansión de la ciudad, pero circunscrita no obstante al casco histórico de la localidad.

Finalmente la segunda mitad de este siglo asistirá al florecimiento de las Bandas de Música, y de Cornetas y Tambores. Entre las primeras destacan la Banda Municipal dirigida por el Maestro Rafael Solera y después por D. José María López, la Banda y Orquesta del Maestro Antonio León Piñera (al que sucederá su hijo), y la Orquesta de San Juan dirigida sucesivamente por D. Francisco Amoraga y por D. José Gálvez, y en su última etapa, ya en el último cuarto del siglo XX, por D. Germán Galindo; junto a ellas empiezan a participar también en las Procesiones ciezanas Bandas de Música militares o de otras localidades de nuestra Región y de las vecinas. Desde entonces, la música, como sucederá también con los arreglos florales que con mayor profusión exhiben cada año los Pasos, será otro de los valores en alza e imprescindible de una Procesiones que cuentan en la actualidad con casi cuarenta composiciones propias, debidas la mayoría de ellas al Maestro León y posteriormente al Maestro Gómez Villa, y más recientemente a los Maestros García Alcázar y Salmerón Morote; composiciones que hoy interpretan, como Bandas locales, la Banda Municipal de Música , dirigida por D. Ginés Martínez Morcillo, la Banda de la Escuela Municipal de Música , dirigida por el Maestro García Alcázar y por Dña. Mercedes Carrillo Ortega, y las asociaciones musicales Los Revoltosos , y Tal y Cual .

Entre las Bandas de Cornetas y Tambores sobresale en este siglo XIX la BFoto: Antonio García Morenoanda de Cornetas y Tambores de "los Armaos" (como popularmente se conoce a la Cofradía del Tercio Romano del Santo Sepulcro ), la única Banda que subsiste hoy vinculada a una Cofradía; junto a ésta será celebrada con posterioridad la de la Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo , que, reorganizada tras la guerra civil (1936-1939), inspirará a otras como las de las Cofradías de San Pedro , Jesús Nazareno , Santa María Magdalena o La Samaritana ; entre todas ellas surgirá tal rivalidad que la propia Junta de Hermandades Pasionarias tendrá que intervenir en dos ocasiones: la primera en 1957 para "fijar un tope en los honorarios que percibe cornetas y tambores, señalando el de cincuenta pesetas para los primeros y el de veinticinco para los segundos" ; la segunda en 1968 para acordar que "que ningún corneta o tamborista pueda pasar a una banda si corresponde ya a otra" porque algunas ofrecen por los servicios de éstos más dinero del estipulado. En la actualidad, junto a la ya mencionada de los " Armaos ", participan en las Procesiones, aunque no ligadas a Cofradía alguna, otras tres Bandas de la localidad: Agrupación Musical Averroes de la OJE , Banda de Cornetas y Tambores Medina Siyasa , y Banda de Tambores de San Juan Bosco .

La Semana Santa ciezana llega a contar incluso con una fecha que con el paso de los años las Bandas de Cornetas y Tambores habían convertido en patrimonio propio: el Viernes de Dolores. Desde el siglo XIX la Hermandad de la Convocatoria , los populares " Armaos ", hacía sonar sus cornetas y tambores durante toda la noche del Viernes de Dolores anunciando a las gentes la inminencia de la Semana de Pasión; a ella se fueron sumando sucesivamente primero las Bandas de las otras Cofradías y posteriormente todas las de la localidad. Con el paso del tiempo y prácticamente hasta nuestros días el Viernes de Dolores se convirtió en la fecha tradicional para que todas las Bandas de cornetas y tambores locales presenten a los vecinos de Cieza las nuevas marchas que se dejarán oír en los próximos días y que tan celosamente han estado ensayando durante largos meses, siendo característico también, al encontrarse dos Bandas, el enfrentamiento o "pique" por ver cuál es capaz de tocar más fuerte o más rápido.

Entre los años 1995 y 2001 la noche del Viernes de Dolores se orientó hacia un Acto de concentración, al que se invitaba a participar a Bandas de Cornetas y Tambores de otras localidades de la Región de Murcia. A partir del año 2002, y puesto que desde el 2001 la Semana Santa de Cieza cuenta con un Certamen de Bandas de Cornetas y Tambores en vísperas de su Semana Mayor, organizado por la Banda Medina-Siyasa , la noche del Viernes de Dolores ciezano vuelve a recuperar su imagen más añeja con los pasacalles de las Bandas ciezanas.

El siglo XX

El siglo XX traerá consigo nuevas modas en el vestir de Nazarenos y Anderos: desde las primeras décadas, se estirará el capuz de loFoto: Archivos Nazarenos, redondo en su remate, hasta hacerlo totalmente puntiagudo, a la manera sevillana; y a partir del segundo tercio de siglo las túnicas de cola (unas de terciopelo y orladas con pasamanerías y adornos de hilo de oro, otras tejidas y ornamentadas con materiales más económicos), en uso posiblemente desde el siglo XVIII, serán sustituidas paulatinamente por túnicas de terciopelo sin cola y sin adornos, y a las que en algunos casos se añaden la capa y otros ornamentos. En cuanto al vestuario de los Anderos, tras la guerra civil 1936-1939 se sustituirá el gorro de "verdugo" o "verduguillo", primero por una variante de éste, "el gorro de moco", y posteriormente por el "gorro de plato" (moda que se está desterrando en la actualidad en beneficio de los tradicionales) y la túnica, aunque más corta, tan antigua e idéntica en sus tejidos y ornamentos a la de los Nazarenos, será remplazada progresivamente tras la guerra civil por otra más sencilla en su diseño y confeccionada con tejidos menos costosos, como el percal, lo que determinará en casi todas las Cofradías un doble vestuario (el de Nazareno, o de lujo, y el de Andero) que las Cofradías hoy están tendiendo a unificar en lo que a riqueza y vistosidad se refiere. Finalmente Nazarenos y Anderos, desde los años cincuenta, dejarán de incluir como elemento de su vestuario el acostumbrado escapulario, que será sustituido por el escudo de la Cofradía o por un emblema.

Los decenios iniciales del nuevo siglo, testigos del nacimiento en 1914 de la Junta Permanente de Procesiones , hoy Junta de Hermandades Pasionarias , derivado de las circunstancias socio-económicas del momento, asistirán también a la constitución de las Cofradías del Santísimo Cristo de la Agonía (instauradora de la Procesión del Silencio ) y del Santísimo Cristo del Consuelo (filial de la Hermandad de culto del mismo nombre), y al estrechamiento de los lazos que vinculaban a los Pasos que no poseían Cofradía propia con determinados oficios ( San Pedro con los labradores, la Magdalena con los esparteros, La Samaritana con los relacionados con los tejidos...) posiblemente para asegurar su salida en procesión.

A partir de estos años además, la mujer, cuyo status en el seno de las Cofradías no contemplaba (excepción hecha de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad ) otros cometidos que su participación en los actos de culto y obras benéficas, orientándose su quehacer en el mejor de los casos al cuidado y arreglo de los Pasos, y a la conservación de los enseres procesionales, verá reconocido y regularizado su derecho a procesionar en los Tercios de Nazarenos (en realidad esta resolución adoptada por la Junta Permanente de Procesiones en 1915 y ratificada en 1941 vino motivada por la habitual presencia de mujeres en las filas nazarenas, y sobre todo porque algunas lo hacían sin el vestuario pertinente o con la cara descubierta), pero su incorporación a la vida activa de las Cofradías en igualdad de derechos a los hombres no será efectiva hasta el último cuarto de siglo, época en que los cambios en las concepciones sociales propiciarán no sólo una presencia más frecuente y activa de la mujer en las Cofradías sino también su acceso a los órganos de gobierno, y en muchas Cofradías, incluso, la posibilidad de desfilar como Anderas, algo hasta entonces impensable.

La Guerra Civil supondrá una desarticulación total en la estructura de las Cofradías ciezanas que pierden una parte importantísima y esencial de su patrimonio; a su término, las Cofradías sufren una considerable transformación que da al traste con los dos grandes bloques –“negros” y “coloraos” - en que se habían ido coligando en apariencia Pasos y Cofradías hasta principios de siglo, y el número de éstas, tras un proceso complicado de refundación (la Hermandad de la Convocatoria se convierte en el Tercio Romano del Santo Sepulcro; Pasos como San Pedro, La Samaritana, Santa María Magdalena se constituyen en Cofradías) y reorganización de las existentes con anterioridad (la Cofradía de Jesús dará lugar a las Cofradías de Jesús Nazareno, La Oración del Huerto y El Santo Sepulcro, Jesús Resucitado) y la sucesiva incorporación de otras como la del Cristo Yacente y Virgen del Dolor, Descendimiento de Cristo y Beso de Judas, Santísimo Cristo del Perdón o Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, se verá nuevamente incrementado hasta dar lugar al abanico de colores que hoy pervive, al que se ha sumado a finales del siglo XX la Cofradía de Ánimas, ahora con carácter pasionario, para conformar en la actualidad un total de dieciocho Cofradías que, ante millares de espectadores y por sus dos itinerarios, en los que se combinan el sabor tradicional de las calles y rincones del casco antiguo, y la amplitud y capacidad de acogida de público del centro de la ciudad, participan con sus cuarenta Pasos, siempre portados a hombros, y con sus casi seis mil Cofrades y Cofradesas en sus diez Procesiones (de la Palma, Vía Crucis procesional del Santísimo Cristo de la Sangre, Auto y Procesión del Prendimiento, General, de los Hijos de María, del Silencio, del Penitente, del Santo Entierro, del Descenso de Cristo a los Infiernos, y Cortesía y Procesión de Jesús Resucitado) y en los numerosos Traslados y Pasacalles, herederos hoy de la decimonónica Traída de los Santos.

Pero a lo largo de estos seis siglos el gran beneficiado ha sido sin duda el bagaje socio-cultural y patrimonial del que han hecho acopio las Cofradías y que se ha visto notablemente incrementado en cantidad y calidad en el último tercio del siglo XX; prueba de ello son las tres Procesiones nacidas en este periodo (de los Hijos de María, del Descenso de Cristo a los Infiernos, y Vía Crucis Procesional del Santísimo Cristo de la Sangre), amén del Desfile de los Tercios Infantiles (en la actualidad con tres Pasos y otros dos en proyecto, lo que da idea de lo entrañada que está la fiesta en el pueblo y de lo asegurado que está a la vez el futuro de aquella), los veintidós Pasos (más otros dos en fase de ejecución) e incontables enseres que en este tiempo han venido Foto: Archivoa engrosar el patrimonio de la Semana Santa ciezana, los constantes esfuerzos y actuaciones encaminadas a la restauración y conservación del mismo, y finalmente los cultos, actos, publicaciones y actividades que organizan las Cofradías durante todo el año, y que suponen un elevado porcentaje de la oferta socio-cultural y de ocio de la ciudad.

Y es precisamente de la mano de las Cofradías que nuestra Semana Santa se ha visto inmersa en una evolución constante, sin desprenderse de los rasgos que han venido configurando su identidad, para perpetuarse año tras año como tradición renovada, en la que el atractivo de sus Actos y la concepción diversa de cada una de sus Procesiones hace preciso vivirla en su conjunto, en la intensidad de cada uno de sus momentos; sólo así, y uniendo a ello el conocimiento de su devenir histórico, puede entenderse la peculiar manera que tiene el ciezano de concebir y sacar a la calle la representación piadosa y estética de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
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