Historia
Las cofradías y procesiones que hoy conocemos como 'de Semana Santa' son el resultado de un proceso que se desarrolla entre los siglos XIII y XVI, por el cual la contemplación y la devoción a Jesucristo se fijan ahora también, sin olvidar su naturaleza divina, en su condición humana, centrándose en el hecho de que Jesús ha venido a salvar al hombre derramando su propia sangre por él mediante su pasión y su muerte en la cruz. En ese acercamiento, nuevo, a Jesús será clave la figura de San Francisco de Asís, cuya doctrina, difundida por toda Europa por los miembros de su Orden, propugnará la disciplina como vía para redimir los pecados y alcanzar la salvación. Tal es así que a principios del siglo XV la devoción y el culto de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor experimentan un importante auge en España, donde reciben además el impulso de San Vicente Ferrer1, cuyas prédicas contribuyen también en buena medida a abonar el terreno en el que habrían de nacer las primeras cofradías 'de Semana Santa', unas cofradías que tendrán un marcado carácter penitencial derivado del deseo de sus componentes de imitar a Cristo mediante el ejercicio público de la disciplina o penitencia, principalmente con la flagelación.

Los orígenes

A día de hoy, relacionar en términos de causa-efecto la presencia del santo valenciano en Cieza los días 16 y 17 de abril del año 1411 con la fundación de la Cofradía de la Sangre de Cristo, la primera de nuestra localidad vinculada a las celebraciones de Semana Santa, resulta, cuando menos, bastante aventurado, toda vez que durante ese siglo Cieza era un núcleo fronterizo escasamente poblado y castigado además por sucesivas incursiones musulmanas, de las cuales la última, en 1477, la arrasó casi por completo, dos circunstancias que habrían dificultado el nacimiento y, sobre todo, la continuidad de la cofradía.

Sin que se pueda precisar con exactitud la fecha, mucho más probable parece la tesis que sitúa su génesis a mediados del siglo XVI, cuando pudieron favorecerla la recuperación demográfica y el hecho de que, con el fin de la Reconquista, Cieza viniera disfrutando de un periodo de paz duradero. Coincide además ese tiempo con la aparición en esta de los franciscanos, que comienzan a frecuentar la villa desde monasterios cercanos para pedir limosna y predicar, y a cuyo influjo, siguiendo el patrón de otras localidades, no debió ser ajena la cofradía ciezana, pues a los franciscanos se debe la difusión de la devoción a la preciosísima Sangre de Cristo; es más, las cofradías de la Sangre suelen guardar relación con antiguas capillas o ermitas consagradas a San Sebastián, como la que existía en Cieza ya en aquel periodo.

En todo caso hay que imaginar esta primera cofradía con unos parámetros diferentes a los de las actuales: en Semana Santa saldría a la calle entrada la noche de Jueves Santo conformando un desfile austero encabezado por el pendón o guión, al que seguirían los hermanos 'de sangre', que se disciplinaban en remembranza de la Pasión de Nuestro Señor, alumbrados por otros, llamados 'de luz', que blandían hachones o antorchas, y presidido por un crucifijo portado por un clérigo. Por lo demás, la cofradía también se preocupaba de confortar a sus miembros, asistiéndolos en la enfermedad, procurando que, llegada la hora postrera y de acuerdo con el ideal cristiano del 'bien morir', recibieran los sacramentos e hicieran testamento, y atendiendo finalmente sus disposiciones mortuorias, pues la cofradía cuidaba de modo especial todo lo relacionado con las exequias de sus cofrades.

De la Cofradía de la Sangre de Cristo da cuenta la Descripción y Relación de la Villa de Cieza que redacta el bachiller Alonso Marín y Mena en el año 1579 en respuesta al mandato de Felipe II: "A veinticinco días del mes de Marzo, año del nacimiento de nuestro redemptor Jesucristo, de mil y quinientos y setenta y nueve, el bachiller Alonso Marín y Mena, de edad de quarenta años, y Joan García, el viejo, de edad de ochenta, y Martín Ruiz de Soler, el viejo, de edad de setenta y uno, vecinos y naturales desta dicha villa... A los cuarenta capítulos dixeron: ay tres Cofradías, una del dicho Apóstol San Bartolomé, otra de la Sangre de Cristo, y otra del Dulce y Santísimo Nombre de Jhesús". No es este, sin embargo, el primer testimonio de su existencia, pues desde 1575 aparece mencionada en las disposiciones testamentarias de algunos vecinos, como seguirá haciéndolo durante los dos siglos siguientes, en los que diversos protocolos corroborarán su continuidad.

Por otra parte, en el antedicho documento se señala también que, en un cabezo cercano a la villa denominado "de las Horcas" -hoy Cabezo de la Ermita-, existía "un devocionario que se dice el Calvario", un pequeño oratorio o humilladero levantado bien a instancias de los propios franciscanos, bien en fecha anterior; junto con la iglesia parroquial (consagrada entonces a Nuestra Señora Santa María Madre de Dios) y la ya mencionada ermita de San Sebastián (en cuyos aledaños se levantará luego el convento de San Joaquín y San Pascual -hoy parroquia-), ese será un tercer enclave de referencia en el desarrollo posterior de la Semana Santa ciezana.

El siglo XVII

En 1612, merced a la labor y empeño del clérigo Ginés de Mellinas Navarro, comienza a levantarse en el mencionado cabezo una ermita con la intención de consagrarla a "la pasión de Ntro. Señor"; referida como "ermita del Calvario", el conjunto se complementará además con la construcción de los pasos del viacrucis en la ladera del mencionado promontorio2.

Los pasos sufrieron diversos avatares a lo largo de los siglos siguientes, hasta que, mediado el siglo XX, se intentó por última vez su reedificación, una obra de la que todavía hoy se conservan algunos vestigios.

Para la ermita se encarga un crucificado, que será conocido primero como Cristo del Calvario y denominado con posterioridad definitivamente Cristo del Consuelo3; así, impulsado también por los franciscanos, en la madrugada de Viernes Santo se rezaba en el lugar el viacrucis, en el que los penitentes, disciplinándose, hacían profesión de fe presididos por la mencionada imagen. Al mismo tiempo la ermita se convierte también en morada de la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso, que se custodiará en ella hasta bien avanzado el siglo XX. Con el tiempo, la leyenda asociará el cabezo y la ermita, respectivamente, a la milagrosa aparición de la imagen de la Virgen y a la llegada prodigiosa de la del Cristo.

Por lo que a la Cofradía de la Sangre de Cristo se refiere, esta habría acaparado desde principios de siglo el protagonismo de las primitivas procesiones de Cieza, pues contó, al menos desde esa fecha, con un crucificado que, no obstante, pudo haber sustituido a otro anterior. De dicho crucificado nos da cuenta el cronista local Ramón Mª Capdevila (1875-1935), quien debió tener acceso a los libros de la cofradía -hoy desaparecidos-; dos asientos del libro de cuentas fechados respectivamente en 1602 y 1603 revelarían la filiación y características de la imagen: un crucificado de los llamados 'de papelón' que fue contratado en Murcia y por el que se pagaron mil reales "a Juan de Rigustera (una mala lectura de 'Juan de Aguilera') vaciador y encarnador del Cristo de la Sangre, que se mandó hacer para la Cofradía de este nombre...". La imagen tuvo capilla propia en la parroquial, como confirma el acta de 1618 del Visitador General del Obispado: "Visitose la Capilla del Cristo que llaman de la Sangre, que dijeron ser de Miguel Ruiz Soler, clérigo"; sin embargo, en el último tercio de siglo permaneció durante algunos años en manos particulares hasta que en 1682 el último depositario manifestó su voluntad de restituirlo a aquélla… sólo que para entonces el templo se hallaba en franca ruina, hasta el punto de que fue finalmente clausurado y derruido a finales de siglo, iniciándose de inmediato y en el mismo emplazamiento las obras del actual, que será consagrado a Nuestra Señora de la Asunción. A partir de ese momento, el rastro del Cristo de la Sangre se diluye...

Dado que la hechura del Cristo de la Sangre no parece probable que lo permitiera, la cofradía debió contar con otro crucificado que se custodiaría en la ermita de San Sebastián: un cristo articulado con el que la tarde de Viernes Santo se llevaría a cabo en ella la escenificación del Descendimiento del Señor y la posterior Procesión del Santo Entierro, referidas ya en un documento de 1636 que recoge el pago de ciertas sanciones judiciales como ayuda para "el palio para el entierro que se hace el Viernes Santo del Santo Cristo". Tal era así que en 1685 los franciscanos, que se habían establecido provisionalmente en esa ermita, se comprometían en el acuerdo de edificación del convento de San Joaquín y San Pascual a "tener en dicho convento el Santo Sepulcro donde de presente esté Su Divina Magestad el Viernes Santo para que desta suerte se faga, como se acostumbra la procesión del Entierro de Jesucristo, y que haya donde entregar el Santo Crucifixo que esta en dicha Ermita, para que se lleve en procesión desde la Parrochial de esta Villa a dicho Santo Sepulchro". Así sucedió; y una vez edificado el convento, la ermita fue clausurada, y el crucificado y el ceremonial se mudaron a este por un tiempo.

En la primera mitad del siglo XVII el espíritu de la Contrarreforma terminará de inundar la religiosidad popular, cuyo máximo exponente son las cofradías: no sólo se defiende el culto a las imágenes, como había preconizado el Concilio de Trento, sino que se juzga conveniente que, por su indudable valor catequético, estas salgan a la calle. Paralelamente, el influjo del barroco, una forma de entender la vida presidida por el ornato y la ostentación, se dejará sentir también en las procesiones, en las que, frente a la austeridad de tiempos pasados, se impone el boato, lo que conlleva a su vez un notable incremento del patrimonio artístico de las cofradías. A ello tampoco será ajena la Cofradía de la Sangre de Cristo, que sumará a las que ya tenía dos imágenes más para las procesiones de Jueves Santo y Viernes Santo: una Virgen de la Soledad, de vestir, cuya presencia en la parroquial se haya documentada ya en 1643, y un Nazareno, de vestir y con brazos articulados, realizado como muy tarde en 1655, que podía procesionar, como en tantas otras localidades, bajo la doble advocación de Jesús Prendido4 o Jesús con la Cruz a cuestas5.

A la par aumentan también los gastos. La cofradía obtenía sus ingresos de las aportaciones en metálico de los cofrades, que pagaban una cantidad preceptiva al ser inscritos y otras establecidas periódicamente, de la limosna recogida en las procesiones y con ocasión de las celebraciones religiosas, así como de censos y testamentos, como el del regidor Rodrigo López, que establecía que su herencia se empleara "en la prozesion, cera y entierro de ntro. Redentor Jesucristo que se hace y celebra en Viernes Santo". A veces la donación incluía ajuar para las imágenes o la capilla, como fue el caso de Dña. Beatriz López que legó "una alfombra que tengo grande… para adorno del Entierro de Ntro. Sr. Jesuchristo… juntamente con una sábana de lino con puntas y una delantera"; y tan importante como el dinero llegó a ser la aportación de blandones, dado que la cera era imprescindible en la práctica totalidad de los actos de la cofradía. Con unos y otros ingresos la cofradía hacía frente a los gastos derivados del culto, de las procesiones y de los entierros. Que los recursos económicos de la Cofradía de la Sangre no eran cuantiosos lo corrobora el hecho de que, cuando esta adquirió la imagen de Jesús Nazareno, el Visitador General del Obispado diera orden de que, para dicha imagen y en la parroquial, "sin que dé nada la dicha Cofradía, por constarle ser pobre, se haga un altar".

A finales de este mismo siglo, sin embargo, la Cofradía de la Sangre sufrió una importante escisión, de suerte que en 1692 algunos notables de la villa deciden "fundar dos cofradias, la una con titulo y advocaçion de Jesus de Naçareno y la otra de nuestra Señora de la soledad, y para su coservaçion y perpetuidad y poder solemniçar la semana santa de cada una de las procesiones que seaçen con estas santas Ynsinias los dias Jueves y Viernes Yçieron y establecieron diferentes constituciones…". En todo caso, esta circunstancia se debió, explica el historiador local Alfredo Marín Cano, al anhelo de la hidalguía local de desligarse de una cofradía como la de la Sangre, integrada mayoritariamente por trabajadores de los diversos oficios, pero a su vez reflejaba el viejo enfrentamiento que había sumido a la población décadas atrás en una violenta lucha de banderías entre las familias de la vieja y nueva nobleza, de modo que, mientras unos se inscribirán en la cofradía del Nazareno, los otros lo harán en la de la Soledad; y a ello había respondido también a lo largo del siglo la distribución de imágenes en la propia iglesia parroquial, de tal suerte que la capilla de los Ruiz-Soler acogió las imágenes del Nazareno y del Cristo de la Sangre, en tanto que la Virgen de la Soledad recibió culto en la de los Padilla y Marín- Blázquez.

En lo que a las procesiones se refiere, un acta capitular de 1693 nos revela cómo habían quedado establecidas éstas a finales del siglo XVII: "Esta villa tiene por costumbre y devoción asistir a diferentes fiestas y procesiones generales por decretos y botos para que en todo tiempo conste las que son acordaron lo fuesen la del Dulce Nombre de Jesús, Purificación de Nuestra Señora, la del Domingo de Ramos, la del Jueves Santo y Viernes Santo, la de la Anunciación de Nuestra Señora, Sra., la del glorioso Apóstol San Bartolomé… y que tengan obligación todos los señores capitulares asistir a ellas no teniendo impedimento legítimo bajo la pena de una libra de cera…". La del Domingo de Ramos es la procesión litúrgica de las palmas que se celebraría en la parroquial y sus alrededores. La referencia al Viernes Santo señala en realidad las dos procesiones de ese día: una, por la mañana, en la que es de suponer participarían el Nazareno con la Cruz a cuestas y probablemente el Cristo de la Sangre; la otra, la del Santo Entierro, en la tarde-noche, tras la función del Descendimiento, que conformarían el Cristo articulado antes reseñado, desenclavado y depositado en una urna como Yacente -Santo Sepulcro-, Nuestra Señora de la Soledad, y tal vez la propia Cruz desnuda. Finalmente, y también en este siglo, tenemos constancia de la celebración la mañana del Domingo de Resurrección de otra función y/o procesión, precedente de la actual del Resucitado y en la que también habría tenido protagonismo la imagen de Soledad.

Cabe suponer que durante este siglo el itinerario procesional discurriría entre la parroquial de Santa María, donde se iniciaba y terminaba la procesión, y la ermita de San Sebastián o el convento de San Joaquín y San Pascual -luego de su edificación-, donde la tarde de Viernes Santo tenía lugar el acto del Descendimiento y la salida de la posterior Procesión del Santo Entierro. Esta hipótesis vendría avalada también por el itinerario actual, que sigue teniendo inicio y fin en la parroquial, y paso obligado por el convento, al que se accede desde la calle que lleva el nombre de la desaparecida ermita.

El siglo XVIII

Cuando se inicia la nueva centuria, el desfile procesional ya ha adquirido una relevancia inusitada. La penitencia ha perdido protagonismo en beneficio de las imágenes, en las que ahora se focaliza la atención: frente a la idea de imitar a Cristo, triunfa ahora la de conmemorar su Pasión y muerte. La procesión se convierte, pues, en una rememoración teatralizada en la que los participantes asumen el papel de testigos del drama de la Pasión, pero que precisa también de espectadores ante los que recrear ese drama. En consecuencia, y con el discurrir del siglo, el cortejo adquirirá una compostura similar a la que hoy presenta, de modo que nazarenos (síntesis de los antiguos hermanos de luz y disciplinantes, que han cambiado el flagelo por la cera o, a lo sumo, por cruces que portan al hombro) y hermanas con cirios "que van alumbrando a la imagen", encabezados por el "estandarte", precederían al paso procesional portado a hombros, presidiendo la comitiva de cada cofradía el hermano mayor; cerrarían la procesión el clero y las autoridades.

Las décadas iniciales del siglo serán testigo del progreso a buen ritmo de las obras de la nueva parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. Quizás este hecho influyera en el traslado definitivo de la función del Descendimiento desde el convento a aquella, pues ya en 1712 el regidor D. Juan Marín-Ordóñez decía haberse encargado el Viernes Santo por la mañana de llevar "desde el convento de esta Villa a su Iglesia Parrochial para la funcion de su descendimiento a el Santo Christo que esta en dicho convento para que se le a de formar su tablado enlutado". En cuanto a la ermita del Calvario, esta quedará a partir de ahora bajo la advocación de Nuestra Señora del Buen Suceso, debido a una devoción acrecentada que determinará también su nombramiento como Patrona de Cieza en 1745.

Bien por no haber sido aprobada finalmente su erección a finales del siglo anterior, bien se tratara de una refundación, en 1730 son sancionadas las primeras constituciones documentadas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad ("Dezimos que en dicha Iglesia Parroquial hay una Imagen de con la advocacion de Ntra. Sra. de la Soledad y Altar donde esta colocada…; En cuya atención… hemos determinado… fundar, Instituir y erigir de nuevo una Cofradia…"), que adquirirá en 1749 una nueva imagen de su titular, obra de Francisco Salzillo6 ("Yo digo, D. Francisco Salzillo…, que por este me obligo á hacer y dar por finalizado, por todo el mes de febrero del año que viene de mil setecientos cuarenta y nueve, y entregar a los señores de Talón y Marín-Blázquez en la Villa de Cieza, la imagen de María Santísima de la Soledad en la forma siguiente: La cabeza de la Virgen, manos y pies con devanaderas de ocho palmos para que se pueda bestir con ropas de seda; y peana de la misma madera, según corresponda… con oxos de cristal, encarnación y colores que correspondan y lágrimas..."), reservando la existente desde antaño "para la funcion de resureczion" bajo la nueva advocación de Virgen de Gracia. Entretanto, mediado el siglo, la Cofradía de Jesús Nazareno se haría cargo del Cristo y urna que configuraban el paso del Santo Sepulcro, coincidiendo con el ocaso de la Cofradía de la Sangre; es probable también que, hacia 1777, adquiriera en Murcia La Flagelación, "obra por cierto no despreciable -escribía el Conde de Roche en 1889- y que perteneció á la propiedad de la Cofradía de Jesús, segun consta en su archivo", realizada por el escultor Pedro Pérez, coetáneo de Salzillo ("La cofradía de Jesús -escribe Pedro Díaz Cassou en 1897- ha tenido dos insignias -pasos- de Cristo en la columna, de las que vendió la más antigua para Cieza…"); e, incluso que, con anterioridad, se hubiese hecho con una imagen de Jesús Resucitado para la Procesión "de Pasqua de Resurreccion".

Siguiendo una vez más al profesor Marín Cano, este panorama cofradiero respondería asimismo a la división social y separación de clases de la época, de modo que la Cofradía de Soledad aglutinaría a la aristocracia local, que había cesado y superado sus luchas, mientras que en la de Jesús Nazareno, que se habría erigido en principal heredera de la Cofradía de la Sangre, se inscribiría el pueblo llano.

El censo de cofradías realizado en 1771 a instancias del Conde de Aranda en el marco de las reformas ilustradas menciona las cofradías de Jesús Nazareno y de Soledad, pero ignora a la Cofradía de la Sangre, lo que permite suponer que ya había desaparecido o que había caído en el abandono; en todo caso, la prohibición posterior de prácticas como las procesiones de flagelantes, en franco desuso ya desde el siglo anterior, habría acabado con la primigenia razón de ser de aquella abocándola a la extinción.

Gracias precisamente a los libros de actas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad se puede confirmar la vigencia en 1767, amén de la litúrgica de las palmas, de las "cuatro procesiones de Semana Santa y Pascua de resurrección" fijadas en el siglo anterior: una en la tarde-noche de Jueves Santo, dos en Viernes Santo, una en la mañana y otra en la tarde-noche, y la cuarta y última en la mañana del Domingo de Resurrección; también que la Virgen de la Soledad se habría incorporado a la matutina de Viernes Santo en 1784 al acordar su cofradía que "para mayor lucimiento de la procesión del Viernes Santo por la mañana parece regular asista a ella María Santísima acompañada de sus cofrades, a imitación de cuando esta Soberana Señora seguía a su Santísimo Ijo en la Calle de Amargura hasta el Calvario...". El documento revela asimismo que, desde 1785 y promovido por dicha Cofradía, al término de la Procesión del Santo Entierro, y antes del Velatorio, instituido años antes, tenía lugar el Sermón de Soledad "a imitación del que tiene lugar de Pasion en la noche de Jueves Santo". El Sermón se decía en la Plaza Mayor ante el portón de la iglesia con los tres pasos -Santa Cruz, Sepulcro y Soledad- allí dispuestos; acabado este, y en el propio templo o en casa de las camareras de los pasos, se velaba hasta el alba a Nuestra Señora de la Soledad y el Santo Sepulcro.

Por último, en lo que atañe a su organización interna, la estructura y funcionamiento de las cofradías apenas si difería entonces de la actual: los hermanos se reunían una o dos veces al año en una junta presidida por el cura-párroco; a ella se sometían los diversos asuntos -nombramiento de oficios inclusive-, adoptándose los acuerdos por mayoría. Sin menoscabo de las competencias de la junta, el gobierno de las cofradías recaía en el hermano mayor, al que ayudaban en su tarea los discretos o vocales; contaban además con un secretario, un depositario o tesorero (responsable también de la cera), un colector de testamentos (encargado de que la cofradía recibiera los bienes legados a ella), un mandatario (a cargo del mantenimiento de los enseres, de avisar a los hermanos, de pedir limosnas...), una camarera (con el cometido de vestir y adecentar las imágenes) e incluso con un cobrador de tarjas.

El siglo XIX

Al igual que las dos últimas décadas del anterior, el primer tercio de este siglo vendrá marcado por la crisis derivada de la penuria económica y por las consecuencias de la Guerra de Independencia (1808-1814), que diezmó la población y trajo consigo el saqueo de la villa por las tropas francesas, que se entregaron al pillaje, también en la parroquial, donde atesoraban buena parte de su patrimonio las cofradías. Estas, no obstante, se sobrepondrán finalmente a esas y otras penalidades.

Así, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad logrará subsistir, con apuros y altibajos, reorganizándose nuevamente en 1845, aunque es probable que, coincidiendo con esta circunstancia, dejara de figurar en las procesiones de Jueves Santo y Viernes Santo en la mañana; su lugar en ellas lo habría ocupado desde entonces la Santísima Virgen de los Dolores, vulgo 'La Dolorosa'7, que se custodiaba en el Convento de las Claras. A su vez, mediado el siglo, la Cofradía de Jesús Nazareno, que había añadido a los que ya poseía un nuevo paso, La Oración del Huerto8, se habría convertido indiscutiblemente en el pilar de las procesiones ciezanas.

Además, en esta centuria y estrechamente ligada a la del Nazareno, nacerá la Hermandad de la Convocatoria de Jesús, los 'Armaos', como popularmente va a ser conocida desde entonces, que, haciendo honor a su nombre, protagonizaba pasacalles en las vísperas e incluso en las horas previas a las procesiones, convocando al pueblo a las mismas con los sones de sus cornetas y el retumbar de su tambores:

"Las fiestas religiosas de estos días, ocupan casi la semana, iniciándose el martes con los pasacalles de los armados que buscan al Nazareno para prenderle". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

 "Hay que admirar á esos hombres que sin retribucion de ninguna especie, antes bien haciendo gastos para ello, y empleando bastantes dia los unos en aprender sus marchas y redobles los otros sus evoluciones y ejercicios, se pasan luego tres mortales dias con el casco y la coraza á cuestas, sin dar tregua á los pies, á las manos ni á los pulmones, multiplicándose incansablemente en todas partes: son unos beneméritos de las procesiones, y salvada la verdad historica de su vestimenta, hacen un buen papel en ellas, con su gefe á la cabeza el anciano, honrado y tradicional maestro Muñoz…". (El Combate, 29-3-1891)

La Hermandad de la Convocatoria será la encargada además de organizar el Prendimiento en la tarde de Miércoles Santo:

"Los señores D. Manuel Silverio Lucas, D. Joaquín Molina García, D. Francisco Milanés Jiménez, que formaron la Comisión, encargados de buscar con toda premura un predicador para el sermón del Prendimiento de este año, sermón que predicó con tanto éxito y lucimiento nuestro virtuoso párroco, don Francisco Vigueras Córdoba, se han presentado en nuestra redacción, para rogarnos hagamos público: que no sólo han quedado profundamente agradecidos al Sr. Cura por haber aceptado su sermón, encargado con tanta premura, sino que también por su generosidad en no haberles querido interesar nada por su predicación. Por todo lo cual, en su nombre y en el de la Hermandad de la Convocatoria, quieren dedicar al párroco, desde las columnas de nuestro periódico, el más sincero cuanto expresivo tributo de gratitud". (El Orden, 9-4-1893)

El Prendimiento, cuyo origen no se ha podido concretar, aunque se le atribuyen raíces dieciochescas, es la reflexión y representación del momento en que Jesús es prendido en Getsemaní. Siempre ha estado vinculado a los 'Armaos' y a la imagen del Nazareno. Curiosamente el primer testimonio escrito conservado que lo refiere sitúa el Prendimiento en la iglesia del convento de San Joaquín y San Pascual (desde décadas atrás las dependencias conventuales, en las que ya no quedan frailes, las ocupa entre 1876 y 1885 el Colegio de la Purísima y San Luis Gonzaga), sin que se pueda aventurar a este respecto ninguna razón aparente que lo justifique, más allá de atribuirle al hecho un carácter excepcional o de que, finalizando el siglo, el Prendimiento dejara de realizarse en el convento -si es que habitualmente se venía representando allí- para hacerlo en la parroquial o en la Plaza Mayor:

 "Miércoles. En este día se celebra el simulacro del Prendimiento de Jesús; los armaos como llaman las gentes del pueblo á los asociados de la Convocatoria de Jesús son los que costean este culto que se celebra en San Joaquín, predicó el Sr. Marín que con elocuente palabra pintó la escena del prendimiento de Jesús en el huerto de Jesemaní; terminada esta triste recordación, fue conducida la imagen de Jesús en procesión á la Iglesia parroquial, donde queda depositada para la procesion del dia siguiente". (El Ciezano, 6-4-1890)

Con posterioridad, no obstante, las reseñas lo asocian siempre a la parroquial o a la Plaza Mayor:

"Miércoles Santo: El tiempo, que se presentaba anunciando lluvia, tenía muy malhumorados a los que vestidos con el traje de soldados de Judea, aguardaban el momento de prender a Jesús.

Pero las nubes se disiparon, la tarde cambió su aspecto y la gente aglomerada en la plaza pública calmó su ansiedad, cuando vió poner la colgadura en el balcón de la Iglesia.

Los balcones de las casas particulares y del Ayuntamiento se atestaron de numeroso público, y poco después nuestro virtuoso párroco se disponía a dirigir la palabra al pueblo…". (El Orden, 2-4-1893)

"El miércoles presenció la ceremonia del prendimiento, numeroso público, la Plaza, y las calles que á ella afluyen, estaban llenas de familias conocidas, de artesanos y casi del pueblo en masa". (La Paz de Murcia, 28-3-1894)

"Esta tarde tendrá lugar el tradicional prendimiento de Jesús en la iglesia parroquial". (El Diario de Murcia, 15-4-1897)

"El miércoles se hace la ceremonia del prendimiento, unas veces al aire libre otras en el templo, como este año, en que ha estado encargado del sermón el ilustrado Vicario del convento de Madres clarisas D. Pedro Marin; el acto termina con la condución procesional del Cristo maniatado, por toda la carrera". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

Como un acto considerado en su conjunto, el Prendimiento conjugaba en realidad tres partes diferenciadas: al Sermón, pronunciado desde el balcón de la iglesia o del ayuntamiento cuando se realizaba en la Plaza Mayor, lo seguía la escenificación del apresamiento, que tenía como momento cumbre un breve diálogo entre el sacerdote, que encarnaba la figura de Jesús, y el jefe de la tropa de 'Armaos', a quienes se entregaba Nuestro Padre Jesús Nazareno para ser conducido a paso ordinario por las calles de la carrera:

"Llegó el momento de dirigirse a los judíos preguntándoles ¿A quién buscáis? A Jesús Nazareno. Ahí le tenéis… Jesús Nazareno, vestido con riquísima túnica de terciopelo morado, sobre un trono profundamente adornado, fue entregado a los armados, que con dos bandas de música recorrieron las calles de la carrera. La efigie de Jesús es la mejor escultura de estas procesiones". (El Orden, 2-4-1893)

Salvadas de nuevo otras situaciones difíciles -derivadas de la crisis económica de 1866 y de la revolución de 1868-, la Semana Santa vivirá en el último cuarto de siglo, coincidiendo con la Restauración borbónica, uno de los periodos más fecundos de su historia ("Se celebró este año -1880- una Semana Santa grandiosa, como no se vio jamás otra en Cieza") merced al patrocinio de la clase acomodada de la sociedad ciezana, que no sólo alivió la salud económica de unas cofradías que, con las cuotas de sus hermanos y la póstula en procesiones y actos religiosos como únicos ingresos, debían afrontar un importante capítulo de gastos en el que, sin contar los procesionales, cobraban especial protagonismo año tras año las cantidades destinadas a la compra de cera, al pago de funciones, novenarios y sermones, y, naturalmente, a los entierros, sino que encontró también en las procesiones un vehículo de proyección social.

Cobrará así forma y protagonismo en este periodo, "en el que dominan las sólidas virtudes burguesas y los principios de un capitalismo en expansión" y "la clase obrera toma conciencia de su situación", un protectorado del patrimonio cofrade que hará suyo la burguesía local a través de las camarerías o mayordomías, una figura primordial en el devenir posterior de la Semana Santa ciezana, asociada, entre otros, a los nombres de Dña. Luisa Fernández de Castro, camarera del Santísimo Cristo del Consuelo y de la Santísima Virgen de los Dolores; Dña. Visitación Aguado Moxó9, que lo fue de La Oración del Huerto, Santa María Magdalena y Santa Verónica; y Dña. Piedad Jaén Talón, que tuvo a su cargo La Samaritana, Nuestra Señora de la Soledad, el Santísimo Cristo del Consuelo y la Santísima Virgen del Amor Hermoso ("Las procesiones resultaron este año -1881- con una magna suntuosidad, gracias al desprendimiento de las Camareras y Hermanos Mayores de la Hermandades, los que no escatimaron gasto ni sacrificio, en pro de la causa"):

"Hemos tenido el gusto de ver y admirar la preciosa obra que está ejecutando el dorador de Murcia D. Alfonso Perez Martinez, en un trono que regala la distinguida y religiosa señora Dª. Luisa de Castro á la Dolorosa y que ha de lucir en estos próximos días". (El Enredo, 10-4-1892)

"Como novedad llamó la atencion el magnífico traje de la Magdalena, bordado primorosamente y regalado por la amable y bella señora de don Juan Marin, Dª Visitacion Aguado". (El Diario de Murcia, 20-4-1892)

"Ha llamado justamente la atención por su riqueza y buen gusto, el magnífico traje que ostentaba en las procesiones del jueves y viernes, la Dolorosa; cuyo importe, nos dicen, asciende á tres mil pesetas, y ha sido costeado por su camarera la señora Dª. Luisa de Castro.

La bella camarera de La Magdalena, Dª, Visitación Aguado… ha hecho construir á sus espensas el airoso y elegante trono que ha lucido en las procesiones de este año dicha santa…". (El Combate, 2-4-1893)

 "Con tiempo bonancible y primaveral se han celebrado las procesiones de Semana Santa en esta modesta villa; todas ellas, merced á la actividad desplegada por los Hermanos mayores de las cofradías, que en estos cultos figuran, han resultado con mucho lucimiento y solemnidad, siendo el número de nazarenos que este año se han vestido, mayor que en anteriores.

Las imágenes que en las citadas procesiones figuran, todas ellas iban primorosamente adornadas de flores, dando prueba del buen gusto que siempre caracteriza á las bellas camareras y haciendo más agradable á la vista los tormentos que en su pasion sufrió Jesucristo.

Faltaríamos á un deber si al trazar estas mal pergeñadas líneas no enviáramos desde estas columnas un sincero y leal aplauso á la Sra. Doña Piedad Jaen…, por el generoso donativo de la magnífica cruz que en estas pasadas procesiones ha estrenado el Señor del Consuelo… no podemos menos de felicitar tambien muy cordialmente á nuestro amigo el laborioso y entendido maestro dorador D. Pedro Balh, que con una constancia y un trabajo dignos de mayor elogio, ha conseguido formar una cruz que bien puede ser su orgullo". (El Diario de Murcia, 23-4-1889)

"Son también dignas de especial elogio por la hermosa presentación de sus respectivas imágenes, doña Luisa de Castro, camarera de la Dolorosa y Dª Visitación Aguado, que lo es de la Verónica, así como don Antonio Marín Oliver, por haber costeado el magnífico trono de los Azotes, obra de nuestro paisano el maestro Antonio Gonzalez…". (El Diario de Murcia, 22-4-1897)

Camareras y mayordomos, tradicionalmente encargados del ajuar de las imágenes, cobran un protagonismo inusitado y adquieren un rango similar, o superior incluso, al de las propias cofradías, al transformarse en auténticos mecenazgos; de ese modo, no sólo se convierten en depositarios de los enseres de las cofradías y en responsables de su perfecta conservación, sino que asumen los gastos que ocasionaba el arreglo del paso e incluso la ejecución de imágenes, sobre las que van a ejercer derechos de propiedad por encima incluso de la cofradía bajo cuyos auspicios procesionen en el futuro10:

"Los tronos nuevos de 'Los Azotes' y 'San Juan', no han lucido lo que debieran, por haber salido en blanco á causa de no haber habido tiempo para dorarlos; y otro tanto ocurre con los de 'La Verónica' y 'La Samaritana'". (La Voz de Cieza, 5-4-1896)

Sólo así se puede explicar el relanzamiento que experimenta la Semana Santa en esos años, en los que las familias pudientes costean nuevos pasos (Santa María Magdalena, La Samaritana, San Pedro11...) e impulsan la creación de nuevas cofradías (San Juan, Santa Verónica) y de otras que finalmente quedarán sólo en proyecto:

"Jueves Santo: Magnífica resulta la procesión que en la tarde del jueves se celebra.

Con numeroso acompañamiento de nazarenos encarnados, presentase la imagen de la Magdalena, sobre elegante trono, ostentando precioso traje de terciopelo azul recamado de oro, y riquísimo manto de tisú.

En el cuello y en las manos llevaba la santa imagen valiosísimas alhajas, y por debajo de la blanca y finísima toca, veíase blonda y sedosa peluca, hecha del propio cabello de su distinguida camarera la señora Dª Visitación Aguado de Marín; que con tal objeto lo ha ido guardando para embellecer a su predilecta santa, que ha merecido fijar la atención de todos.

Seguía primorosamente adornado por la Sra. de Mariano Marín-Blázquez el paso de la Samaritana, que aún cuando por su escultura no se presta mucho, lucía preciosos ramos de flor contrahecha, ricas alhajas y profusión de grupos de bombas con luces encendidas.

A continuación de este paso, seguía numeroso contingente de nazarenos morados que conducían el que es conocido por la Oración del Huerto.

En el arreglo y adorno de este paso, ha demostrado el Sr. D. Antonio Aguado, el gusto que preside a todo aquello que a su celo se confía.

Grupos de delicadas y pintadas flores simétricamente colocadas, eran el adorno de este paso, que, por la belleza que tienen las imágenes que lo componen, no se presta a mucho arreglo.

San Pedro, era la imagen que sucedía al paso anterior y la sencillez de su adorno, no podía ser más bonito y delicado y reflejaba el buen gusto del presbítero D. Pedro Marín Martínez, encargado del arreglo de dicha imagen.

Seguía la conmovedora efigie del Señor de la columna, que lucía elegantes ramos de flor artificial, muy bien combinados por su distinguida camarera la Sra. Dª Joaquina Piñero de Marín, para dar mayor realce a la belleza de la Santa imagen.

Adornado con delicadeza suma y ostentando riquísimo sudario de nipis bordado, de mérito y valor indefinido, que fue traído expresamente desde Manila para esta imagen por su generoso donante D. Pascual Arce natural de Cieza, iba Cristo en la Cruz, de cuyo arreglo es la encargada doña Luisa Fernández de Castro, viuda de Marín-Blázquez.

Detrás de esta imagen iba una numerosa orquesta, bajo la acertada dirección del conocido y popular maestro D. Antonio León Piñera. Seguidamente numerosa concurrencia de nazarenos blancos, precedían a la imagen de San Juan que lucía diferentes ramos de matizadas flores de artificio, construidas exprofeso en París, por encargo de las hijas de D. Juan Pérez López, a cuyo exquisito gusto está confiado el adorno de este paso.

Pero de entre todas las imágenes, la que más riqueza ostentaba, era La Virgen de los Dolores, cuyo riquísimo traje, costosísimo manto de terciopelo azul bordado en oro y preciosa corona de plata, llamaban con justicia la atención de las compacta multitud, que repretándose en las calles e invadiendo los balcones, elogiaban la suntuosidad de la imagen y la esplendidez de su distinguida camarera la citada Sra. Luisa Fernández de Castro.

A continuación iba el clero con cruz alzada, vistiendo capa pluvial el sabio sacerdote D. Francisco Vigueras Córdoba, párroco y Arcipreste de la Iglesia parroquial.

Seguían los invitados a tan solemne acto, individuos del Ayuntamiento, secretario del mismo, concejales y tenientes de alcalde, oficialidad del cuadro de esta zona y presidían los Sres. Alcalde D. Francisco Martínez, D. Juan Marín, vicepresidente de la Comisión provincial, y el coronel D. Vicente Muñiz.

Cerraba la procesión de ese día, la música municipal, hábilmente dirigida por su joven maestro D. Rafael Solera, tocando escogidas marchas con gran precisión y armonía". (El Orden, 2-4-1893)

"El domingo por la tarde fue llevada procesionalmente desde la casa de D. Juan Marín al Convento de Santa Clara, y después a la Iglesia Parroquial, la imagen de Santa Verónica. La Camarera de esta hermosa imagen es la distinguida señora Dña. Visitación Aguado de Marín… La imagen de la Verónica recientemente adquirida por la nueva Cofradía es una acabada obra del afamado escultor murciano, Sr. Sánchez Araciel. El lienzo que representa la Santa Faz es una de las mejores producciones debidas al inspirado pincel del Sr. Ruiz de Sardes, generoso obsequio hecho a la Cofradía por el Sr. D. Antonio Cánovas y Vallejo....". (El Orden, 11-3-1894)

"Procesiones. Las de este año han resultado magníficas por el lujo y suntuosidad con que se han verificado. Grande ha sido el entusiasmo entre las diferentes hermandades, por presentar á sus respectivas imágenes con todo el gusto y magnificencia que requieren. Las que más han llamado la atención han sido, Los Azotes, La Verónica, San Juan y La Samaritana. Todas han estrenado nuevos tronos, habiendo gustado mucho el de San Juan. Su distinguida camarera, Dª Eugenia Ruano de López, lo ha adornado con mucho lujo.

...

La Verónica, también ha sido lujosamente presentada por su distinguida camarera, Dª Visitación Aguado de Marín, quien ha derrochado gusto y elegancia en el adorno de tan preciosa imagen. El traje es costosísimo y los reflejos de luz sobre los valiosos diamantes que llevaba, aumentaban la belleza de escultura tan magistral.

En resumen: Las procesiones se han verificado con el mayor orden y entusiasmo; sobre todo la del Viernes Santo en la noche, en la que se vistieron el mayor número de hermanos en todas las cofradías". (El Diario de Murcia, 8-4-1896)

"…hay que conceder que en adorno y lujo de los pasos, han ganado mucho las procesiones: pues además de los preciosos tronos y adornos que venían ostentando todos los pasos, y de los construidos recientemente para La Dolorosa, por su camarera Dª Luisa de Castro, cuyo trono y traje de la Virgen son del mejor gusto y gran riqueza; del elegante trono y ricas vestiduras que hizo á la Magdalena su camarera Dª Visitación Aguado; y del no menos elegante y vistoso trono hecho á la Verónica por su hermandad; este año hemos admirado terminados y perfectamente dorados, el grandioso trono de Los Azotes, costeado por Sr. D. Antonio Marín Oliver y construido por el habil carpintero de esta Antonio Gomez; obra de muy buen conjunto y de esmerada ejecución en la parte de talla, resultando con los grandes pomos de preciosas bombas blancas y azules, un paso de gran perspectiva; y el trono gallardo, elegante y magestuoso de S. Juan, que ha sufragado su camarera Dª Eugenia Ruano de López, y en cuya construccion, direccion y adorno ha acreditado una vez mas su buen gusto el ebanista catalán residente en esta, Sr. Izquierdo: sus elevadas proporciones, pues consta de dos cuerpos sobre la plataforma; la originalidad del conjunto; el arte, buen gusto y delicadeza que ha presidido en la colocacion de los preciosos ramos de costosísimas flores, hechas por Gualterio Kuhn florista de la real casa, y de las guirnaldas de flor metálica matizadas, que adornan los candelabros de bombas; y la figura esbelta del Evangelista, campeando gallarda, con su cimbradora, artística y costosísima palma, dan á este paso un sello de grandiosa magestad que produce la admiracion…". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

"Se anuncia para el próximo año una nueva hermandad bajo la advocación del Santísimo Cristo de la Agonía…". (Las Provincias de Levante, 11-4-1898)

De esa guisa, cuando finalice el siglo, las camarerías se habrán consolidado ya como un elemento indispensable en el engranaje de la Semana Santa ciezana y gozarán de un protagonismo parejo cuando menos al de las propias hermandades, a las que abocarán además a una relación de dependencia en el plano económico:

"El trono esta construido por el acreditado tallista de esta, Sr. Izquierdo, y dada la premura del tiempo ha salido en blanco lo mismo que los anteriores… La palma, obra de las monjas Verónicas de esa, ha llamado mucho la atención por su elegancia, esbeltez y belleza". (El Diario de Murcia, 8-4-1896)

"Lo es el nuevo trono que con tanto gusto ha regalado á San Juan su camarera la distinguida Sra. Eugenia Ruano. Ha sido hecho por el inteligente ebanista señor Izquierdo y dorado por el acreditado maestro Sr. Amoraga…". (El Diario de Murcia, 22-4-1897)

"Hemos visto el magnífico manto que lucirá este año en la procesión del Santo Entierro, la Virgen de La Soledad, el cual han costeado la amable y bella señora Dª. Visitacion Aguado de Marin, y nuestro respetable amigo D. Isidro Gomez Marzo. Dicho manto, confeccionado en la acreditada casa 'Hijos de M. Garin', de Valencia, es una verdadera preciosidad artística, superior á toda ponderación; el fondo, de rico terciopelo negro de seda cocida, ha sido fabricado ex profeso en dicha casa, y bordado, en oro fino…". (La Voz de Cieza, 8-4-1900)

"Las procesiones de Cieza resultan, hoy dignas de una capital, donde las saquen buenas, por el orden que llevan y por el lujo, magnificencia y buen gusto que preside en el arreglo de todos y cada uno de los pasos, gracias á los esfuerzos y sacrificios de las hermandades, y de unos cuantos entusiastas procesionistas, entre los que merecen especial mención, la Señora D.ª Visitación Aguado de Marín, camarera de la Santa Verónica; de la Oración del Huerto y también de La Magdalena, cuyo rico traje y preciosas andas ha costeado, habiendo, pagado también, de por mitad, las ocho mil pesetas que ha costado el manto de la Soledad estrenado este año; D.ª Piedad Jaen de Marín-Blázquez, camarera de esta santa imagen, por fallecimiento de su señora tía D.ª Narcisa Talon, quien ha costeado el hermoso trono estrenado este año también; y camarera igualmente de la Samaritana y de la Virgen de Gracia, que sale en la procesión de hoy; D.ª Luisa Fernández de Castro, camarera de La Dolorosa, de cuya propiedad son efigie y vestiduras; D.ª Eugenia Ruano de López, camarera de S. Juan, cuyo hermoso trono y costosa ornamentación ha costeado; los Sres. de Marín Oliver encargados del paso de Los Azotes, al que también han hecho una suntuosa y artística anda; señores de Capdevila, del Santo Sepulcro; Sras. D.ª Piedad y Amalia Angostos, camareras de Nuestro Padre Jesús y del Cristo resucitado; presbítero D. Pedro Marín, de cuya propiedad son la efigie y andas de S. Pedro, y los entusiastas procesionistas D, Isidro Gómez Marzo, que ha costeado la mitad del rico manto de la Soledad, D. Mariano Marín- Blázquez don Benito López Ruano, hermano mayor de S. Juan, D. Diego Marín-Barnuevo, que lo es del Santo Cristo, D. Antonio Pérez, D. Arturo y José María Trigueros y el incansable D. Antonio Aguado…, y el cual ha costeado este año el hermoso paño para las manos de La Soledad, de batista de hilo, primorosamente bordado, que ha costado 150 pesetas.

Con tales elementos y los esfuerzos de las hermandades, las procesiones ciezanas, ganan cada dia en realce é importancia, como ha podido verse este año…". (La Voz de Cieza, 15-4-1900)

Entre esos benefactores sobresale el sacerdote D. Pedro Marín Martínez12, amante de su pueblo y entusiasta de sus procesiones ("Este año -1897- dijo el sermón del Prendimiento Don Pedro Marín Martínez, más conocido en Cieza con el nombre de Don Pedro Macharro…"). Gran valedor de los 'Armaos', que vivieron entonces una época dorada, su persona está ligada también al santuario que en 1864 se va a comenzar a levantar sobre la vieja ermita del Calvario; el templo seguirá albergando en su interior la imagen de la Patrona, la Virgen del Buen Suceso, pero se consagrará ahora, no obstante, al Santísimo Cristo del Consuelo, que a principios de este siglo se ha convertido ya en el referente devocional de todos los ciezanos, incorporándose también a los desfiles procesionales y dejándolo de hacer en el viacrucis de la madrugada de Viernes Santo, que caerá en desuso. Como capellán de la nueva ermita y para las hornacinas de la misma, don Pedro sufragará, entre otras, las imágenes de Santa María Magdalena y de San Pedro, de la que ostentaría durante toda su vida la camarería; estas, junto con otras, protagonizarán a partir de entonces, y hasta bien avanzado el siglo XX, otro momento señalado de la Semana Santa ciezana, la Traída de los Santos13.

La Traída de los Santos tenía lugar en la tarde de Jueves Santo y constituía en realidad una procesión más. Los pasos que iban a participar en las procesiones se trasladaban hasta la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción; salían en dos grupos: de la ermita lo hacían San Juan14, San Pedro, La Samaritana y, durante un tiempo también y hasta que su traslado quedó fijado en la tarde del Domingo de Ramos, el Santísimo Cristo del Consuelo; en la 'esquina de la villa' les esperaban Santa María Magdalena y La Oración del Huerto, y más adelante se unía al cortejo La Flagelación, que salía desde la cochera de los 'Mateos'; también lo haría más tarde la Santa Verónica. El itinerario estaba siempre concurridísimo y la chiquillería ponía la nota alegre del día tarareando el pasodoble de San Juan o los compases de las bandas de cornetas y tambores, mientras aguardaba la llegada de los pasos entre la gran nube de polvo que levantaban a su paso convirtiendo en baldíos los esfuerzos de los vecinos, que rociaban las calles del recorrido para evitarlo.

"Lunes y Martes, nada encierran en sí de particular que merezca consignarse, dedicansé en su mayor parte al arreglo de los pasos que han de salir en las procesiones en los días sucesivos. La hermita del Santo Cristo del Consuelo es el punto de reunión de las piadosas camareras que con un celo y una constancia, digna de una mejor alabanza, dedican solícitas su cuidado al arreglo y buena disposición de las flores, luces, alhajas y demás objetos que á los pasos adornan". (El Ciezano, 6-4-1890)

"Jueves. Por la tarde. Traida desde el Eremitorio del Santísimo Cristo del Consuelo, extramuros del pueblo, de las imágenes que han de salir en las procesiones de hoy y de mañana". (El Diario de Murcia, 7-4-1901)

"El jueves en la tarde fueron traídos procesionalmente, según costumbre, los pasos que habían de lucirse en las procesiones. En las afueras del pueblo, la orquesta de San Juan, encontró á dichas imágenes, y ofrecida galantemente por el señor López Ruano, Hermano mayor de los sanjuanistas, y aceptada esta por los Hermanos mayores de las demás cofradías, la orquesta acompañó, hasta la Iglesia Parroquial á los pasos, así como el señor López Ruano, en unión de los señores concejales D. José Pérez Mérida y D. Antonio Ros, entre otras distinguidas personalidades". (Eco del Segura, 16-4-1911)

Las procesiones, que tenían principio y fin en la parroquial de la Asunción, en la Plaza Mayor, discurrían por un itinerario que abrazaba el centro de lo que entonces era el casco urbano convertido ya en la carrera oficial que hoy mantienen; el trazado, de tramos rectos y escasos recovecos, tomaba su inicio en la calle del Cid y tenía uno de sus trayectos destacados en la calle San Sebastián, por la que la procesión salía al convento de San Joaquín para proseguir hacia el de las Claras y retornar por la calle Cadenas, teniendo como hermoso epílogo el paso por la angosta calle de la Hoz15/16.

El desfile procesional empieza a concebirse en esta época como un espectáculo de masas que no sólo prolonga en la calle los oficios religiosos de estos días santos y en el que están presentes, señala la prensa, los distintos estamentos sociales, coadyuvando todos y cada uno de ellos a la grandiosidad del mismo, sino que también contribuye a la proyección de la ciudad atrayendo visitantes y favoreciendo la economía local:

"El gran aliciente de estos días, son las procesiones, espectáculos religiosos que celebran todos los pueblos con más ó menos esplendor, y que constituyen, en algunas poblaciones, un interesante atractivo que lleva a contemplarle un sinnúmero de gentes de muchas leguas á la redonda y aun de pueblos muy lejanos". (El Combate, 22-3-1891)

"Solo una procesión ha salido, pero sus organizadores pueden estar orgullosos de que le han dado la solemnidad debida, y de que ha resultado un acto digno del pueblo que lo realiza". (La Paz de Murcia, 28-3-1894)

"Si el entusiasmo no decae, estas fiestas religiosas, que ya en Cieza venian siendo suntuosas, resultarán solemnísimas, pudiendo competir con las mejores de importantes capitales". (La Voz de Cieza, 29-3-1896)

"La Semana Santa en Cieza. Tiene, desde luego, cierta suntuosidad y explendor, que, dentro de lo relativo, resiste con ventaja, la competencia con importantes poblaciones; y tiene además su sello típico y característico.

Estas son, en conjunto, las fiestas de Semana Santa en Cieza, á cuyo esplendor concurren, formando parte de las diferentes hermandades, los elementos de mas valía y representación de esta villa y gran núcleo del elemento obrero y clase media...

Para terminar, damos el parabién á cuantos organizan, dirigen y sufragan estas solemnes fiestas religiosas, que ponen muy alto, en cuanto á piedad, cultura y buen gusto, el nombre de Cieza". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

Pero es también un acontecimiento festivo al que se asiste y del que se disfruta en compañía de toda la familia; a la hora de la procesión los ciezanos cierran sus hogares y se acomodan en las calles de la carrera, lo que a veces deja expedito el camino a los 'amigos de lo ajeno'17:

"El viernes en la noche, en el barrio de las Morericas en casa del honrado vecino de ésta, conocido por el tío Frasquito Cachumbo, cometieron un robo, en ocasión en que la familia fue a ver las procesiones…". (El Enredo, 10-4-1892)

En la procesión no pueden faltar esos elementos que le confieren su particular atractivo, que se han convertido en tradicionales y con los que se identifica el pueblo18. La procesión conmemora, pero es a su vez rememorada:

"Los soldados romanos (¡!) ó armados, como les llama el vulgo, han llenado con toda gravedad sus estrepitosas funciones, haciendo sus escursiones multiplicadas por esas calles, al redoble incesante de sus bandas de tambores y perdurable estridor de sus cornetas incansables… Hay á quien displace este continuo tamboreo y este pertinaz toque de corneta; y á nosotros nos parece agradable, por ser él quizás la única nota saliente, característica, clásica, típica de las procesiones de Cieza: que se supriman los armados con sus bandas de tambores y cornetas, y parecerá como que han perdido su vida y animación las fiestas de semana santa, en esta población". (El Combate, 29-3-1891)

Bien es verdad que, aunque no descuidan otros cometidos, como el acompañamiento en los entierros, las misas en sufragio y, en algún caso particular, como el de la Hermandad de la Convocatoria, incluso la práctica benéfico-asistencial para con sus cofrades, las cofradías empeñan sus mayores esfuerzos no obstante en los actos de culto y en la salida procesional de sus imágenes:

"En la Santa Iglesia Parroquial, se está celebrando el solemne novenario que la Cofradía de Jesús Nazareno, dedica anualmente á su soberano patrono. La concurrencia á estos devotos cultos es numerosísima. Este año se ha estrenado un rico y suntuoso altar, no terminado aun, que ha sido costeado por la citada cofradía y la de Nuestra Señora de la Soledad". (El Orden, 12-3-1893)

"El solemne novenario y función que todos los años celebra en honor de Nuestra Señora de la Soledad su piadosa cofradia, ha resultado en el presente mas suntuoso…

La concurrencia á dichos cultos ha sido numerosísima y los sacerdotes que han ocupado la sagrada cátedra, han desempeñado de modo magistral su cometido. Reciba la citada cofradia en general y nuestro querido amigo D. Antonio Aguado muy particularmente, nuestra cordial felicitación tanto por el celo que ha demostrado en la organización de estas solemnidades, cómo por la propaganda católica que ha llevado a cabo, distribuyendo todos los días de novena centenares de hojitas llenas de religiosas consideraciones". (El Orden, 26-3-1893)

"Las próximas procesiones prometen este año resultar más lucidas que las anteriores, dada la actividad desplegada por los hermanos mayores de las cofradías, que en estas figuran…". (El Diario de Murcia, 16-4-1889)

"Aquí, sinó tan suntuosas, también tendremos nuestras clásicas procesiones, presentadas, en honor de la verdad, con bastante decoro y lucimiento, y que no desmerecen de las que hemos presenciado en ciudades de importancia". (El Combate, 22-3-1891)

"Las camareras, mayordomos y hermanos mayores de las cofradías, trabajan, poniendo de su parte cuanto pueden para que no decaiga el esplendor y solemnidad de nuestras procesiones, que pueden competir con las de las mejores capitales". (Las Provincias de Levante, 13-4-1897)

"Todos los Hermanos mayores y Mayordomos de Hermandades contribuyen cuanto pueden al adorno de sus respectivas imágenes, siendo todos dignos de aplauso por su entusiasmo y su deseo de que cueste lo que cueste adquieran nuestras procesiones cada vez mayor realce". (El Diario de Murcia, 15-4-1897)

"De novedades, solo han figurado, aunque sin terminar y por consiguiente sin el debido lucimiento, el trono del Nazareno, construido en Murcia, y la tarima de ‘La oración del huerto’, que ha sido construida aquí bajo la dirección del activo é incansable procesionista D. Antonio Aguado Moxó; ambas obras han salido solo aparejadas en blanco y la segunda sin terminar su decoración; por lo tanto, cuando lucirán será al año que viene, terminadas y doradas". (La Voz de Cieza, 2-4-1899)

"Otra novedad de las procesiones será el magnífico trono del Nazareno, que ha sido artísticamente dorado por el inteligente Sr. Amoraga, y decorado con unos preciosos ramos de flor de oro y plata y nuevo juego de lujosas bombas". (La Voz de Cieza, 8-4-1900)

Por la 'carrera', engalanada para la ocasión y dotada de alumbrado eléctrico en los últimos años del siglo ("Es de aplaudir y elogiar el buen acuerdo del Sr. D. Juan Marín, mandando colocar para estos días de Semana Santa -1897-, lámparas nuevas en todo el alumbrado eléctrico de la carrera de las procesiones y calles afluentes al templo parroquial, lo cual ha contribuido poderosamente al explendor de estas fiestas…"), discurre un cortejo organizado, en el que el color de las túnicas señala la pertenencia a una u otra cofradía; las andas, convertidas en tronos cada vez más ornamentados, se adornan profusamente con flores; brillan con luz propia las orquestas, bandas de música, y de cornetas y tambores...19:

"Merecen ser también elogiados los nutridos coros de orquesta presentados por el antigua director de la banda municipal de ésta, D. Antonio León, y el organizado por los aplicados hermanos Amoraga, secundados por varios y distinguidos jóvenes de la buena sociedad ciezana, cuyos nombres no damos por no incurrir en omisiones.

La nueva banda de música que presentó el Sr. Solera, dado el breve tiempo de que ha dispuesto para su organización, y las consiguientes dificultades con que ha tenido que luchar, resultó muy aceptable y hace augurar que su jóven director conseguirá sus buenos propósitos". (El Diario de Murcia, 20-4-1892)

"La procesión del jueves fue solemnísima. Nos asesoran en este aserto los forasteros que la presenciaron.

El orden de la formación, el gusto en el adorno de los tronos, la severidad y la riqueza, al mismo tiempo, con que iban vestidas las imágenes, todo, daba por resultado un conjunto serio, hermoso y religioso". (La Paz de Murcia, 28-3-1894)

"Las orquestas de la Verónica y de San Juan, han resultado muy bien; ejecutando composiciones de muchísimo gusto, con suma afinación.

La banda á cargo del reputado maestro Sr. León, ejecutando magníficas marchas fúnebres estuvo á una altura envidiable...

Los directores de las orquestas de San Juan y la Verónica, D. Mariano Barreri y D. Francisco Amoraga, merecen todo género de elogios por su incansable celo". (El Diario de Murcia, 8-4-1896)

"…rivalizando con todos en entusiasmo los incansables armados de la hermandad de la Convocatoria, cuya banda de cornetas y tambores, es el alma de estas fiestas, pues empiezan á tocar el martes y no paran hasta el domingo en la mañana… y con harto sentimiento suyo". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

"Han resultado solemnísimas y lujosas las de este año, habiendo reinado el mayor orden y compostura en todas las hermandades.

Todos los pasos se han presentado con la mayor elegancia y delicadeza.

Entre todos se ha distinguido, en la noche del Viernes, el Santo Sepulcro, que iba ricamente engalanado de caprichosas flores, hechas todas por las delicadas manos de la señora é hija de D. Ramón Capdevila, llamando justamente la atención unos primorosos ramos de nardos que parecían propiamente naturales.

Nuestra enhorabuena a las hábiles y delicadas floristas". (El Diario de Murcia, 12-4-1898)

"Ha merecido elogios de los inteligentes, la esmerada ejecución de las hermosas marchas fúnebres con que ha solemnizado las procesiones la banda de música de esta villa, bajo la acertada dirección de nuestro amigo el joven cuanto entendido profesor D. José Mª López. Tambien ha agradado justamente el coro de orquesta de los Sanjuanistas, unico que ha figurado en dichas procesiones". (La Voz de Cieza, 2-4-1899)

Y se afea cualquier detalle, por nimio que pueda parecer, que atentan contra el decoro y el lucimiento de la procesión:

"Nos han llamado la atención algunos suscriptores sobre la costumbre fea y vituperable, que en efecto hemos visto, de poner en las andas de los pasos que salen, las gorras y sombreros de los que conducen dichas andas y aun las de otros que van con cirios; y nos encargan lo manifestemos para que el hecho no se repita, por indecoroso". (El combate, 8-6-1890)

"Las procesiones han resultado, como siempre, lucidísimas; sobresaliendo entre ellas, la del viernes en la noche ó Santo Entierro, que siempre es la que reviste mayor solemnidad, y á la que ha dado gran realce este año, el suntuosísimo y costoso manto que obstentaba la Soledad…, y el hermoso trono ó andas de la misma imagen construido en Murcia y dorado delicadísimamente por el entendido maestro pintor y dorador de ésta, D. Pedro Valch.

¡Lástima que no se hayan tenido en cuenta al hacer estas artísticas andas, las dimensiones del precioso manto que no ha lucido como debía, aunque la cosa puede subsanarse para lo sucesivo; y lástima también, que tan hermoso trono no se haya construido en las debidas condiciones de resistencia, como lo está de belleza, lo que ocasionó, en la mitad de la carrera, la rotura de tres cartelas de las cuatro que sostienen el segundo cuerpo, siendo preciso poner unas tornapuntas improvisadas, para que no viniera al suelo la imagen!" (La Voz de Cieza, 15-4-1900)

De todo ello dan cumplida cuenta las crónicas de la prensa local de finales de siglo:

"Contra lo que presajiábamos, de acuerdo con el barómetro, y contra los pronósticos de los astrónomos y profetas de cataclismos atmosféricos, los dias de semana santa han sido espléndidos y magníficos, y las fiestas propias de tales días, se han celebrado con todo esplendor y solemnidad.

Dichas procesiones no han ofrecido novedad apreciable, salvo la que nos han hecho notar de haber sido, sobre todo en la del jueves, menor que de costumbre el número de nazarenos que tomaban parte en la misma lo cual, en mucho, es debido a que las cofradías emplean bastante gente en la conducion de los pasos ó andas, segun nos han indicado los cofrades y así lo apreciamos.

La procesión de mayor lucimiento y suntuosidad, ha sido, como siempre, la del viernes en la noche o santo entierro, que resulta majestuoso y solemne.

En todas ellas ha reinado bastante orden y compostura habiendo llamado la atención el lujo y elegancia de los pasos o tronos y de las imágenes, por lo que merecen plácemes los camareros o mayordomos encargados de su arreglo". (El Combate, 29-3-1891)

"Nuestras procesiones. Las celebradas en este año, han resultado mas lucidísimas que en los anteriores, tanto por las mejoras importantes hechas por religiosas y respetables señoras de este pueblo en el adorno de algunas imágenes y sus tronos; cuanto por el número tan crecido de nazarenos negros que han asistido, debido sin duda al interés desplegado por el hermano mayor de la cofradía de Jesús.

También han contribuido en sumo grado a la brillantez de aquellas las dos orquestas de San Juan y del Santísimo Cristo del Consuelo y la banda Municipal de esta villa.

La primera a cargo del antiguo Director de la Municipal, D. Antonio Leon Piñera, esta orquesta por lo numerosa, por su afinación y buen gusto en la interpretación de las tres marchas fúnebres 'A mi padre', 'La más triste' y 'El Eco', que ha ejecutado, originales del Sr. Leon, es la que mas ha llamado la atención, y la que, con justicia, ha sido aplaudida y admirada.

La segunda, la que vestía túnicas rojas, y acompañaba al Santo Cristo el Jueves y á la Cruz el Viernes, dirigida por D. Francisco Amoraga compuesta en su mayoría de jóvenes aficionados de esta población, ejecutaron también con acierto y afinación las distintas marchas fúnebres que con brillantez interpretaron. La Banda Municipal en su debut bajo la dirección del Sr. D. Rafael Solera, llenó regular su cometido en la ejecución de las marchas 'Santa Cruz' y 'La Esperanza' de Frias y Solera respectivamente. Son pocos los días que el Sr. Solera dirige esta Banda, pocos los instrumentos buenos y muchas las dificultades y contratiempos vencidos por él para la organización de la misma; hay que confesar, que han hecho de más los músicos inberves.

La carrera iluminada y cubiertos sus balcones con colgadurías de distintos colores y de diversas formas presentaban una agradable perspectiva. En la procesión del Jueves Santo solo hubo una nota displicente, oscura, una falta incomprensible, nuestros ediles no asistieron á ella, y sin embargo muchos de los que faltaron son entusiastas de todos los actos religiosos.

La del Viernes Santo al poco de salir de la Iglesia tuvo que regresar á ella por la lluvia que empezó á caer en aquellos momentos, pero después del sermón de Soledad dicho con elocuencia por el Sr. Cura Párroco, volvió de nuevo á salir aquella, á instancias de todos los cofrades que acudieron al espresado Sr. Cura quien accediendo á lo que demandaban lo permitió recibiendo de todos un aplauso general al que nosotros nos adherimos; pero en esta procesión no salió el clero.

Termino permitiéndome aconsejar á las hermandades del Sto. Cristo y de San Juan que para la prosperidad de ellas, hagan lo que ha hecho alguien en la de Jesús, comprar túnicas, pagar tarjas, aumentando en esta forma el número de sus hermanos; mas claro gastar el dinero quien pueda y tenga para suplir al cofrade que por falta de este metal no puede hacer los gastos necesarios para ingresar en dichas cofradías á pesar de sobrarle voluntad y buen deseo para ello.

M. Dulce". (El Enredo, 17-4-1892)

"Confieso sinceramente que he quedado agradablemente sorprendido.

Desde hace días, venía oyendo toques de cornetas, sonidos de instrumentos que presagiaban la proximidad de la Semana Santa, pues aquellos, cuando no eran producidos por los consecuentes e incansables armados, los producía el músico estudioso, al ensayar la marcha que después había de ejecutar en la procesión.

Me hablaban tanto y tanto de la suntuosidad de las procesiones, que yo prejuzgué, por lo que es la población, lo que serían las procesiones.

Y, digo la verdad, no pude imaginarlas tan fastuosas, tan ordenadas, tan magníficas, tan lujosas…

Domingo de Ramos: los Oficios divinos de este día y la bendición de las palmas, estuvieron muy concurridos y a ellos asistió el Ayuntamiento con su digno presidente.

Viernes Santo: Desde las primeras horas de la mañana empezaron a despertar a los vecinos las cornetas de los armados, anunciando la celebración de la procesión de este día.

A las diez de la mañana salió a la calle de la Iglesia parroquial, y en ella figuraban las mismas hermandades que en la tarde anterior y las ya descritas imágenes.

En esta procesión, iba Nuestro Padre Jesús con la Cruz a cuestas. Las imágenes de San Juan y de la Dolorosa, fueron conducidas desde la citada Iglesia por la calle del Presbítero D. Antonio Marco hasta confrontarse en la plazeta del Comisario, con el grueso de la procesión, representando así el pasaje de la Historia Sagrada en que se refiere el momento en que la afligida Virgen María, acompañada de San Juan, halló a su amantísimo Hijo en la calle de la Amargura.

Esta procesión recorrió la misma carrera que las otras dos, y su paso por las calles fue presenciado por numerosa concurrencia, de la que formaban parte infinidad de nuestros convecinos de la inmediata villa de Abarán.

Si magnifica, suntuosa y ordenada fue la procesión del Jueves Santo por la tarde, la del Viernes, por su seriedad y selecto acompañamiento, rivaliza y aún aventaja a aquella.

Formaba ésta las imágenes de La Magdalena, La Santa Cruz que erguida y sola conserva el sudario de que ya se hace mención y con la misma concurrencia de nazarenos, precedida de numerosa orquesta, se ve el Santo Sepulcro lujosamente adornado de flores y multitud de grupos de preciosas bombas de cristal esmerilado.

El adorno de tan respetuoso paso está a cargo de las Srtas. Dª Salud y Dª Gertrudis Capdevila Marín.

Detrás y conducido por seis nazarenos iba el enlutado palio; a continuación la Imagen de San Juan, y por último, la Virgen de la Soledad. Ostentaba esta venerada imagen, severo manto de brillantes estrellas, bordadas en oro, y a su seriedad daba realce el sencillo y delicado adorno del precioso trono.

La Sra. Dª Narcisa Talón y Marín, es la encargada del arreglo de esta imagen, a la cual precedían varios individuos de los que forman parte de la hermandad, entre otros los Sres. Don Juan Marín, D. Ramón Capdevila, Don José Marín-Blázquez, D. Antonio Aguado, D. Arturo Trigueros y algunos más que sentimos no recordar, e infinidad de señoras y señoritas…

Tan selecta concurrencia la completaba numeroso acompañamiento de invitados, civiles y militares, precedidos de negro estandarte, que llevaba el conocido joven D. José María Trigueros.

Presidía el Sr. Alcalde D. Francisco Martínez llevando a su derecha al Coronel de la zona, y a su izquierda al teniente de alcalde Sr. Capdevila (D. Antonio), cerrando la comitiva la banda del Ayuntamiento y los agentes municipales.

Resumen: Las procesiones han resultado superiores a todo elogio; mucha organización en ellas, mucho orden y un entusiasmo indescriptible.

Numeroso público de la población, de los partidos rurales y de los pueblos inmediatos, ha concurrido a presenciar estas fiestas religiosas que se han celebrado con gran solemnidad…

En honor a la verdad las procesiones del Jueves y Viernes Santo han excedido a cuanto me pude figurar…

Mi enhorabuena más sincera al pueblo de Cieza, por su fervor religioso, y mi entusiasta aplauso a los que directa o indirectamente han contribuido a hacer más suntuosos y solemnes estos cultos que honran a cuantos a su esplendor contribuyen". (El Orden, 2-4-1893)

"Las procesiones se han verificado en Cieza con el esplendor acostumbrado. El tiempo que ha estado de contínuo amenazando lluvia, y á ratos cumpliendo la amenaza, ha dejado, sin embargo, que se verifiquen todas las clásicas procesiones, fiestas que revisten carácter verdaderamente popular y cuya suspensión es siempre acogida con disgusto y sentimiento por todos, y muy especialmente por los que tienen la costumbre, la devocion ó la rutina de salir de nazareno ó de soldado romano, de armao, como dicen ellos, rectificando muy oportunamente.

Las bandas de cornetas y tambores, nos han tenido tres o cuatro días en alarma contínua: dígase lo que se quiera esos cornetas son unos valientes; se necesita toda la vocacion que ellos tienen y una embocadura como la suya, para darse tan fenomenal enjuague. No es mentira; se prodigan tanto, que no parece sino que sean muchos cientos, y sólo son unos cuantos poco: pocos, pero buenos, como decía el otro.

Nos queda esta mañana la procesión que llama el vulgo y el no vulgo, del niño resucitado, que saldrá esta mañana y que puede llamarse propiamente la procesión relámpago, que probablemente habrán visto ya los que hayan madrugado, cuando lean las presentes.

La banda y orquesta del Sr. León, ha demostrado sus crecientes adelantos, en las procesiones, ejecutando, con verdadero gusto y afinación, preciosas marchas fúnebres, que nos han asegurado, son originales del mismo y hacen el mejor elogio de sus conocimientos musicales.

El Sr. Solera, ha realizado un verdadero milagro presentado en la forma que lo ha hecho, la banda municipal, dada la deficiencia de personal y sobre todo el deplorable estado en que se halla todo el instrumental de dicha banda.

Las marchas que ejecutaba, eran del mejor gusto y novedad filarmónica". (El Combate, 2-4-1893)

"Con un tiempo hermoso aunque algo frio, se han verificado las clásicas fiestas religiosas de Samana Santa, y las solemnes procesiones que durante las mismas tienen lugar en esta villa, que en realidad de verdad, merecen el nombre de suntuosas, por el buen gusto, lujo y magnificencia que se desplega en el adorno de las imágenes y tronos ó andas, en lo cual cada hermandad y cada camarera ó mayordomo pone su conato, con la que gana mucho el explendor de estos cultos.

Los coros de orquesta organizados para los pasos de La Verónica y San Juan, han resultado lucidísimos, y del mejor gusto las marchas que ejecutaban; este es un verdadero ornamento de las procesiones, y es muy plausible la cooperación que para que estos coros puedan formarse sin desmembración sensible de la banda, prestan valiosos elementos, que sin pertenecer á ella, profesan, y algunos muy ventajosamente, diferentes instrumentos, y que sin interés de ninguna especie, antes bien tomándose las consiguientes molestias para ensayos y demas, tienen gusto en contribuir tan poderosamente al esplendor de las procesiones. La banda del inteligente Sr. León, aunque carece de uniformes, lo cual en estos actos es un gran ornamento, en el desempeño de su parte musical ha estado, como siempre, á envidiable altura. ¡Lástima que el modo de ser de dicha banda y los pocos beneficios que aquí puede prometerse, no la permitan presentarse con todo el lucimiento que pudiera, dado su idóneo personal y acertada dirección!" (La voz de Cieza, 5-4-1896)

Así pues, en las postrimerías del siglo XIX la Semana Santa ciezana, que ha visto cómo el viacrucis de la madrugada del Viernes Santo ha dejado de practicarse salvo ocasionalmente ("En la madrugada del viernes á la una, se baja procesionalmente de su ermita extramuros, la venerada imagen del Santo Cristo del Consuelo. Esto no se verificaba ya hace años, habiéndose hecho este -1897- con una concurrencia asombrosa de gente del pueblo, penitentes con cruces y cirios y rezando el via-crucis; la imagen llega a la parroquia muy cerca de las tres de la mañana"), quedará configurada en torno al Prendimiento (Miércoles Santo), a la Procesión General, que tiene en la Traída de los Santos su preámbulo (Jueves Santo), a la Procesión del Penitente o de las Cruces, que se va a convertir en una repetición de la anterior, y a la Procesión del Santo Entierro (Viernes Santo), y a la Procesión del Resucitado (Domingo de Resurrección):

"Se han realizado las tres procesiones de costumbre, que con la que hoy ha de tener lugar completan el cuadro de las fiestas religiosas de semana santa en esta villa". (El Combate, 29-3-1891)

"Las procesiones se han echado a la calle con el lujo y esplendor de siempre, bien que en algunas cofradías se haya notado escasez de personal asistente a las mismas.

Los días han sido esplendidos, la temperatura primaveral, la animacion grande, el orden perfecto y por tanto de satisfaccion de todos, mas entusiastas o mas despreocupados, completa y unánime.

Esta mañana con la procesión de gloria o del Cristo resucitado terminan estas fiestas y se extinguen los estridentes sones de las cornetas y tambores que enmudecen hasta el año que viene con gran pesar de sus dueños. Salud para oírlas por muchos años". (La voz de Cieza, 2-4-1899)

Precisamente la Procesión del Resucitado20, de carácter alegre y bullicioso, y en la que los pasos son portados a paso ligero ("En la mañana de ese día -Domingo de Pascua de 1897- tuvo lugar la procesión del Niño Resucitado, la cual fue notable por su rapidez y tonos de alegría…". "Esta procesion que sale de mañana, merece el nombre de procesion-relámpago, tal es el telo-tole que lleva, pasando por la carrera como una exhalacion"), encierra desde esta época uno de los momentos plásticos más bellos de la Semana de Pasión: la Cortesía. Es esta una breve ceremonia de salutación entre la Virgen, Jesús Resucitado y el resto de pasos participantes, cuyos anderos delanteros realizan, al compás que marcan los guiones, tres genuflexiones que provocan la inclinación del paso en ademán de reverencia, y a las que sigue el 'baile de los Santos', un continuo movimiento de vaivén que los eleva de un costado y otro alternativamente. Originariamente la Cortesía tenía lugar en la Plaza del Comisario, una recogida plazoleta del casco antiguo hacia la que se dirigían los pasos en dos grupos a su salida de la iglesia: la Virgen, acompañada de San Juan, por la calle Cartas; Jesús Resucitado y la Magdalena por el itinerario habitual... siguiendo la pauta del encuentro que los dos primeros protagonizaban también en la mañana de Viernes Santo con la imagen del Nazareno.

Junto a las procesiones y actos litúrgicos propios de estos días, como la bendición y procesión litúrgica de las palmas o los Oficios del Triduo Pascual, a los que también asisten las cofradías, perduran algunos actos extralitúrgicos y se introducen otros nuevos. Así, además del ya referido del Prendimiento, previo a la procesión del mismo nombre, el Jueves Santo, tras la procesión, se decía el Sermón de Pasión; el Viernes Santo, a las tres de la tarde, el Sermón de Agonía, hasta su supresión en los primeros años de la década de los cuarenta del siglo XX, en los que también intentó implantarse, sin éxito, el Sermón de las Siete Palabras, que durante su breve período de coexistencia con el anterior pasó a llamarse Oratorio de Agonía y Sermón de las Siete Palabras; ya por la noche, a la llegada de la procesión, el Sermón de Soledad y el Velatorio. Pero también desaparecen o se reconvierten otros, como la función del descendimiento, de la que no tenemos noticias desde tiempo atrás y que con la incorporación del Santísimo Cristo del Consuelo21 a los desfiles procesionales se convertirá en una ceremonia más íntima reducida al desenclavo de la imagen:

"El miércoles se hace la ceremonia del prendimiento...; el acto termina con la condución procesional del Cristo maniatado, por toda la carrera.

El jueves además de los oficios propios del día y visita de monumentos… hay por la tarde la primera de las tres solemnes procesiones: á su retirada por la noche se predica el sermón de pasión.

En la madrugada del viernes… A las seis de la misma, sale la segunda procesión, que, por mediar tan poco espacio entre ella y la anterior, teniendo que acudir el mismo personal, resulta menos solemne, pues muchos asistentes toman descanso para asistir á la de la noche ó Santo Entierro, la mas suntuosa de todas y de mayor lucimiento. Al recojerse se predica el sermón de Soledad.

Pone fin y remate a estas fiestas otra procesión que sale el domingo llamada aquí por el vulgo de Niño Resucitado, porque en ella se saca una buena imagen, cuya cabeza hemos oído decir á algunos ser de Salzillo, de Cristo en el acto glorioso de la resurrección". (La Voz de Cieza, 18-4-1897)

Los siglos XX y XXI

A principios del nuevo siglo la penuria económica por la que atraviesa una sociedad en la que las diferencias entre clases son cada vez mayores y la agitación político-social que acompañó a la irrupción de los movimientos obreros, repercute en las cofradías, que no sólo ven reducidos sus ingresos, sino que sufren también el abandono de buena parte de sus cofrades, lo que año tras año pone en peligro la salida de las procesiones. Para intentar remediar esta situación se constituirá en 1914 la Junta de Hermandades Pasionarias, un hecho de crucial trascendencia en el devenir posterior de la Semana Santa ciezana.

Durante la II República se constituirán la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía (instauradora de la Procesión del Silencio), en un intento más de reactivar unas manifestaciones religiosas que atraviesan serias dificultades, y la del Santísimo Cristo del Consuelo22 (filial de la hermandad de culto del mismo nombre fundada en el XIX):

"El pasado año salieron los Armaos porque una comisión de entusiastas recaudó fondos para atender a los gastos de trajes y organizó una comida a los pobres de la localidad, y éste año nada se hecho, sin duda por que los que más pueden contribuir a los gastos de procesiones no han querido desprenderse de unas pesetas.

Para que esta Hermandad pueda prestar en sucesivos años su importante concurso a las procesiones, se ha hecho cargo de ella una comisión de entusiastas, los que se proponen llevarla al apogeo que tuvo en pasadas épocas, siendo el comienzo de este renacer la procesión de Armaos y chiquillos que el pasado lunes por la tarde se improvisó, la que recorrió las principales calles del pueblo a los acordes de la banda de cornetas y tambores entre las alegres detonaciones de cohetes voladores… ¡Hay que ver lo que gozaron el lunes! ¡Qué felicidad! Correr tras los Armaos al compás de sus tambores con el faldón fuera, la moquita cubriendo el labio, los alpargates en la mano por haberlos sacado de los diminutos pies la nube de pisadas del torvellino infantil…". (Libertad, 28-4-1935)

La Guerra Civil supuso una auténtica catástrofe también para el patrimonio cofrade ciezano: la mayoría de las imágenes fueron mutiladas y quemadas; muy pocas se salvaron: Santa María Magdalena y La Oración del Huerto fueron ocultadas; la Santa Verónica fue defendida con arrojo por sus custodios; y las hubo incluso, según se ha transmitido, que fueron indultadas, como los sayones de La Flagelación. Acabada la guerra, el clima religioso imperante y el nuevo orden socio-político que lo amparaba favorecieron la reconstrucción y el impulso subsiguiente de la Semana Santa, invocada como una manifestación de religiosidad popular impregnada de un importante componente festivo y tradicional que desde finales del siglo anterior ha ido ganando año tras año más peso23. Así se reflejaba en la prensa local de la posguerra:

"Bulle en todo el pueblo el mismo entusiasmo de antaño. Ya están aquí las procesiones con sus colgaduras y olor a primavera, con las túnicas y cornetas chillonas, con el júbilo callejero y la emoción del cristiano…

Este año con la improvisación casi milagrosa del tiempo, se proyecta lucir nuestras procesiones y algunos pasos, según nos afirman, están ya adelantados en su reconstrucción". (Mariposas, 18-2-1940)

"El día de la liberación (pronto hará un año) todo eran ruinas; las Iglesias saqueadas, las imágenes destruidas, deshechas las Hermandades, desorbitada toda la vida local y religiosa. Hoy hay de todo: Iglesia parroquial restaurada espléndidamente (a falta claro es de retablos) Imágenes nuevas, andas artísticas, Hermandades reorganizadas, con mayores ímpetus que nunca y un programa de actos religiosos como el que se publica en estas páginas que es todo un programa, decididamente espléndido. Cieza tendrá una Semana Santa digna de sus mejores épocas de esplendor. El año que viene Dios mediante, se superará con mayor empuje y brio". (Mariposas, 17-3-1940)

La revitalización de las Cofradías se dejó sentir también en el número de estas, que se duplicó en las décadas siguientes tras un proceso de fundación (Pasos como Santa María Magdalena, la Santísima Virgen de los Dolores, San Pedro o La Samaritana se constituyen en cofradías), refundación (la Hermandad de la Convocatoria se convierte en el Tercio Romano del Santo Sepulcro), reorganización de las existentes con anterioridad (la Cofradía de Jesús dará lugar a las cofradías de Jesús Nazareno, La Oración del Huerto y El Santo Sepulcro -a la que se debe la incorporación a mitad de siglo del paso La entrada de Jesús en Jerusalén a la Procesión de las Palmas- y Jesús Resucitado) y la sucesiva incorporación de otras (Santísimo Cristo Yacente y Santísima Virgen del Dolor, y Descendimiento de Cristo y Beso de Judas).

Cruzado el ecuador de la centuria, los aires de renovación emanados del Concilio Vaticano II (1962-1965) se dejarán sentir también en el mundo cofrade. Las cofradías y las procesiones, a las que la propia Iglesia mira entonces con desinterés y cierto desdén, atravesarán un nuevo periodo de dificultades, agudizado con la crisis económica de principios de los setenta y los cambios socio-políticos y de pensamiento producidos con la llegada de la democracia, que pondrá en peligro, en el caso de Cieza, la continuidad de algunas de ellas. No obstante, pese a las circunstancias adversas y gracias en buena medida al arraigo que la Semana Santa seguía teniendo entre los ciezanos, en aquellos años se construirá la Casa de los Santos, nacerán la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y la de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, y se instaurará la Procesión de los Hijos de María.

A partir de la década de los noventa la Semana Santa ciezana experimentará su máximo apogeo bajo el impulso de la Junta de Hermandades Pasionarias -cuya labor la ha llevado a ser distinguida con la Medalla de Oro de la ciudad y de la Región de Murcia-, con el apoyo, sobre todo económico, de instituciones -particularmente las municipales- y entidades, y gracias también al respaldo popular que nunca le ha faltado. Consecuencia de ello será el bagaje patrimonial del que harán acopio las cofradías y que, merced a la labor de la Comisión de Arte, se verá notablemente incrementado en cantidad y calidad, pero en el que también supondrán un capítulo importante las actuaciones encaminadas a la restauración y conservación del mismo; y junto a ello, un despertar cultural de las mismas que, sin desatender el culto e intensificando también su obra benéfico-asistencial, se concretará en actos, publicaciones y actividades organizadas durante todo el año, que al día de hoy suponen, por otra parte, un elevado porcentaje de la oferta socio-cultural y de ocio de la ciudad. Además, se restaurará el Prendimiento y se instituirán tres nuevos desfiles procesionales (el Viacrucis-Procesión del Santísimo Cristo de la Sangre -de la mano de la Hermandad de Santa María Magdalena-, la Procesión del descenso de Cristo a los infiernos -instaurada por la Cofradía de Ánimas, la última cofradía en fundarse- y el Desfile de los tercios infantiles).

Todo ello ha hecho de la Semana Santa de Cieza no sólo una tradición irrenunciable que genera a su alrededor una importante actividad económica y en la que, sin renunciar a su razón de ser y a sus raíces religiosas, se ha impuesto no obstante el componente cultural y festivo, sino también un acontecimiento que encierra atractivos y valores que la llevaron a ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en 1993, en 2011 Fiesta de Interés Turístico Nacional y recientemente, en 2023 Fiesta de Interés Turístico Internacional.


1: San Vicente Ferrer. Fotografía de Manuel Carpio.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
2: Vista del Calvario a espaldas de la Ermita del Santísimo Cristo del Consuelo.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
3: Antigua imagen del Santísimo Cristo del Consuelo. Atribuida a Cristóbal de Salazar, 1612.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
4: Antigua imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Autor desconocido, s. XVII.
© Antonio Marín Oliver
5: Antigua imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno (con la cruz a cuestas). Autor desconocido, s. XVII.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
6: Antigua imagen de María Santísima de la Soledad. Francisco Salzillo, 1749.
© Antonio Marín Oliver
7: Antiguo paso de La Oración del Huerto. Autor desconocido, ca. 1825.
© Manuel Moxó Perona
8: Antigua imagen de la Santísima Virgen de los Dolores. Atribuida a Roque López, s. XVIII.
© Antonio Marín Oliver
9: Doña Visitación Aguado Moxó.
© Manuel Moxó Perona
10: Santa Faz, pintura atribuida a Ruiz de Sardes. Regalo de Antonio Cánovas del Castillo a la Cofradía de la Santa Verónica. Fotografía de Manuel Carpio.
© Cofradía de la Santa Verónica
11: Antigua imagen de San Pedro. Joaquín E. Baglietto, 1880.
© Antonio Marín Oliver
12: Don Pedro Marín Martínez, 'Macharro'
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
13: Traída de los Santos desde la ermita del Santísimo Cristo del Consuelo a principios del s. XX. En la instantánea aparecen La Samaritana, San Pedro y el Santísimo Cristo del Consuelo.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
14: Antigua imagen de San Juan. Manuel López Guillén, 1907.
© Antonio Lucas García
15: Procesión del Calvario. Antiguo paso del Santísimo Cristo del Consuelo (en torno a 1923).
© Antonio Marín Oliver
16: Procesión del Calvario. Antiguo paso de la Santísima Virgen de los Dolores (en torno a 1923).
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
17: Calle San Sebastián. Procesión del Calvario (1923). En primer término Santa María Magdalena; detrás La Samaritana.
© Antonio Marín Oliver
18: Calle San Sebastián. Procesión del Calvario a principios del s. XX. En primer término Santa María Magdalena sobre el trono en el que hoy desfila la Santísima Virgen del Amor Hermoso.
© Antonio Marín Oliver
19: Calle del Cid. Procesión del Resucitado (1923). En primer término Santa María Magdalena; detrás Jesús Resucitado.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
20: Calle Mesones. Procesión del Resucitado (1923). En primer término Jesús Resucitado; detrás San Juan y la Santísima Virgen del Amor Hermoso.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza
21: En el reverso de la fotografía puede leerse: "Inauguración de la ermita año 1898 mallo cieza", lo que no se corresponde con el hecho de que la ermita hubiese quedado completamente terminada en 1880.
© Antonio Marín Oliver
22: La instantánea parece ser del mismo día que la anterior, correspondería por tanto al Día de la Cruz, 3 de mayo, y al momento en que el Santísimo Cristo del Consuelo llega a su ermita en procesión.
© Antonio Marín Oliver
23: Calle San Sebastián. Procesión del Penitente (1969). Cofradía de San Juan Evangelista.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza

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