"Hasta hace pocos años, todo acababa aquí. Pero unos locos de las procesiones quisieron seguir alargando, por unas horas más, este ramillete de sentimientos que es nuestra Semana Santa; y así, fundaron la Cofradía de Ánimas. Y lo hicieron sabedores de que su proyecto era muy arriesgado, que al indudable esfuerzo económico, se unían un horario poco popular, una advocación de difícil comprensión y un nivel artístico que, cuando menos, tenían que mantener. Sin embargo, la rebeldía bien entendida de su juventud, unida a un profundo amor hacia su pueblo, su Semana Santa y una profunda fe en sus convicciones personales y religiosas, hicieron el resto".
Pascual Santos Villalba
Pregón de la Semana Santa de Cieza 2007
Esta singularísima procesión tiene sus preámbulos en el juramento de silencio que realizan los cofrades en la Ermita de San Bartolomé. Desde allí el tercio de nazarenos, con sus inconfundibles túnicas de saco y portando antorchas, se dirige hacia la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, cuyas puertas, en respuesta a la llamada que la cofradía realiza con su cruz guía, se abren para descubrir el paso de Jesús abriendo las puertas de los infiernos.
Tras la lectura de la homilía de Sábado Santo al pie mismo de la escalinata de la iglesia, el cortejo se pone en movimiento anunciado por el tañir de la campanilla que lo encabeza. Como ya ocurriera en la Procesión del Silencio, también para este desfile permanecerá apagado el alumbrado público así como el interior de las casas del recorrido.
En ese ambiente, propio del medievo, el paso, a la luz del fuego de sus cuatro pebeteros y al son que marca un solo tambor sordo, cuya monótona cadencia tan sólo se ve interrumpida por un grupo de cámara o las voces de una coral que interpreta cánticos sacros como Signore delle Cime en enclaves determinados, recorre su singular itinerario para recogerse a altísimas horas de la madrugada, cercano ya el alba del Sábado Santo.
Hora de salida: 3:00h (el tercio de nazarenos sale de la Ermita de San Bartolomé y se dirige por la calle del Cid a la Plaza Mayor, a su llegada, sale el paso desde la Basílica de la Nuestra Señora de la Asunción).
Hora de entrada: aproximadamente 5:30h (Basílica de Nuestra Señora de la Asunción).
Itinerario: Plaza Mayor, La Hoz, Bajada al Puente de Hierro, Subida del Puente de Hierro, Rincón de los Pinos, Pinos, Larga, Buitragos, Empedrá, Barco, La Hoz y Plaza Mayor.
Orden de Procesión: estandarte de la Junta de Hermandades Pasionarias, Cofradía de Ánimas, Paso de Jesús abriendo las puertas de los infiernos y clero.
Singularidades y sugerencias: Tras unos minutos de respiro, sin apenas dar tregua a las sensaciones provocadas por la entrada de la Procesión del Santo Entierro, el espectador se prepara para vivir otro momento irrepetible. En la oscuridad de la madrugada del Sábado Santo, tendrá lugar la Procesión del Descenso de Cristo a los Infiernos; que constituye por sí misma un referente de nuestras procesiones, al ser la primera en su género en todo el territorio nacional. La importancia de esta aportación ciezana al contexto de las procesiones españolas se evidencia por la réplica que de esta Procesión se realiza a partir de 2007 en Archena (también auspiciado por la correspondiente Cofradía de Ánimas archenera, que surge siguiendo el modelo de la cofradía ciezana).
Para cualquier visitante se hace necesario estar ya en la plaza cuando, en medio de la oscuridad, el Tercio de nazarenos llega encabezado por una cruz guía arbórea y se dirige al pórtico de la basílica. Los tres golpes de la cruz en la puerta de la basílica hacen que esta se abra y aparezca la impresionante talla de Jesús abriendo las puertas de los infiernos (Hernández Navarro) sobre un trono que representa, a golpe de gubia, distintas escenas de las sagradas escrituras (Soriano Talavera). Una vez en la plaza y tras escuchar, bajo un desgarrador silencio, la breve Homilía del Sábado Santo, comienza la procesión. El espectador, si desea seguir estas recomendaciones, debe seguidamente dirigirse por la calle Cartas hacia el Muro (donde la muralla del s. XIX se une a la fortaleza del siglo XV) para disfrutar del enclave más característico de la procesión, cuando el cortejo baja hacia el río Segura. Entonces, mientras Cristo extiende su mano redentora y desciende por la muralla (se diría que bajando verdaderamente a los Infiernos), el juego de sombras que se crea por la luz de las antorchas de los nazarenos y del fuego que emana de los pebeteros del trono sobre los piedras del Muro, unido a la austeridad y sobriedad de las túnicas de arpillera, al silencio del desfile -solo roto por la interpretación ocasional de música coral-, al replicar de la campana de ánimas que abre el cortejo junto a la cruz, y al incesante y penetrante olor a incienso, se recrea de forma asombrosa e impactante una atmósfera penitencial que permite al espectador trasladarse en el tiempo y forjar un recuerdo que se aferrará a la memoria para siempre.
Concluye así, en esta madrugada, el relato único e irrepetible del Viernes Santo, en el cual, en poco más de veinticuatro horas, Cieza enmudece de silencio para luego representar los pasajes evangélicos que median desde la condena de Cristo hasta su Descenso a los Infiernos, pasando por su Pasión, Muerte y Entierro con la participación de todo el pueblo, entregado sin reservas a su día grande.
Fotografías de Manuel Carpio y Enrique Centeno.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza