Procesión del Santo Entierro (s. XVI)
Noche de Viernes Santo

"La plaza se queda vacía, pero no nos vamos, pues pronto empiezan a volver los pasos y me gusta verlos entrar; La impresionante imagen del Cristo del Perdón, La Piedad, esa magnífica escultura que mi padre me enseñó a admirar, María Salomé, con la increíble obra de ingeniería artística que lleva por trono… Y de nuevo, El Sepulcro. Los 'Dormis', desde hace unos años, han ideado para él una forma de recogerse, que me impresiona sobremanera. La oscuridad de la calle, el silencio, roto sólo por el sordo tambor, el paso lento y cadencioso, me sobrecogen y me regalan un momento de gran intensidad emocional, en el que rezo para que Dios mantenga en mí ese espíritu de tristeza, sobrecogida y compasiva ante el dolor innecesario de los hombres, con que mi padre me quiso retratar en el más pequeño de los ángeles que acompañan a Cristo. Aún no se nos ha deshecho el nudo que se nos forma en la garganta durante esta ceremonia y ya vuelve la Soledad, trayendo entre sus manos el corazón dolorido de todas las madres del mundo que han perdido un hijo. ¿Cómo no quedarse un poco más a acompañarla, y rezar junto a Ella una oración?"

Fulgencia Carrillo Ortega
Pregón de la Semana Santa de Cieza 2008

La procesión más solemne de la Semana Santa de Cieza (solemnidad que enfatiza la presencia del Clero, la Corporación Municipal y otras autoridades) viste de luto la noche más larga del año para asistir al gran relato del Entierro de Cristo.

La imaginería, la música, los tronos, el arreglo floral: la excelencia del patrimonio ciezano viste sus mejores galas y parece brillar con una luz diferente en esta procesión, que centra todo el discurso en la severidad y en el sentido funerario. Es constante, desde tiempo inmemorial, el empeño de los cofrades ciezanos en que todo resulte, en esta procesión, absolutamente perfecto, un esfuerzo que contribuye a que el ambiente festivo que ha presidido la jornada se esfume sin perder el componente multitudinario: la expectación de las aceras, pobladas masivamente, se torna severa y respetuosa: se habla a media voz, se moderan los gestos y se adopta un compostura de autoconsciente gravedad, porque verdaderamente se tiene la certeza de asistir al Sepelio del Redentor.

Al término del desarrollo de este soberbio espectáculo procesional, paradigma de lo que Cieza es capaz de construir a lo largo de los años y con el espíritu fraterno que se prueba en el Centenario ya cumplido por la Junta de Hermandades Pasionarias, se producen escenas verdaderamente emocionantes: la entrada del paso El Santo Sepulcro en su casa-museo, que reproduce de forma muy emotiva el mismo instante de dejar a Cristo Muerto en su tumba, y la llegada del último paso, María Santísima de la Soledad, a la Plaza Mayor, donde recibe el pésame de todo el pueblo, representado por sus máximas autoridades.

Hora de salida: 20:30h (Casa-Museo de la Semana Santa, Casa-Museo de los Dormis o Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, según Cofradías).
Hora de entrada: aproximadamente 2:30h (Casa-Museo de la Semana Santa, Casa-Museo de los Dormis o Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, según Cofradías).
Itinerario: Plaza Mayor, Cid, La Parra, Rincón de los Pinos, Pinos, Larga, Buitragos, San Sebastián, Esquina del Convento, Mesones, Cadenas, Barco y Cánovas del Castillo o Diego Tortosa, San Pedro y Plaza Mayor (o La Hoz y Plaza Mayor).
Orden de Procesión: estandarte de la Junta de Hermandades Pasionarias y los siguientes pasos: Santísimo Cristo del Perdón (Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y Santísima Virgen del Amor Hermoso), Descendimiento de Cristo (Cofradía del Descendimiento de Cristo y Beso de Judas), Santísima Virgen de la Piedad (Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía), Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora del Mayor Dolor (Hermandad del Santísimo Cristo Yacente y Santísima Virgen del Dolor), Nuestra Señora de la Amargura (Cofradía de la Santa Verónica), Las Santas Mujeres camino del Sepulcro (Cofradía de San Pedro Apóstol), Santa María Salomé (Real Cofradía de Jesús -Nazareno-), Santa Cruz (Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo), Santo Entierro (Cofradía de La Samaritana), Santo Sepulcro (Cofradía de La Oración del Huerto y El Santo Sepulcro), Tercio Romano del Santo Sepulcro, San Juan (Cofradía de San Juan Evangelista), María Santísima de la Soledad (Real, Ilustre, Venerable y Primitiva Cofradía de María Santísima de la Soledad), todos desfilando con sus respectivas Cofradías -con su estructura habitual- y bandas de música o agrupaciones musicales. Cierran el cortejo el clero y las autoridades locales, civiles y militares, escoltadas por el Cuerpo de la Policía Municipal.

Singularidades y sugerencias: Si hay que ponerle un adjetivo a esta procesión, verdadero museo en movimiento, es sin duda alguna el de solemnísima, tal y como aparecía tradicionalmente en la revista de la Semana Santa de Cieza.

Solemne, para empezar, por la calidad de sus impresionantes tallas escultóricas, de entre las cuales hay que significar especialísimamente a la Santísima Virgen de la Piedad (Capuz), al Santísimo Cristo Yacente (Planes), a Nuestra Señora del Mayor Dolor (Álvarez Duarte), a Nuestra Señora de la Amargura (Romero Zafra) o a María Santísima de la Soledad (González Moreno), amén de la extraordinaria talla, ya mencionada, del Santísimo Cristo del Perdón y de la puesta de largo procesional, al fin, de la bella efigie de San Juan (cabeza de Manuel López Guillén, cuerpo labrado por Planes); a lo que hay que añadir la excelencia artesanal de los tronos del Cristo Yacente (Ibáñez Valles), de la Santas Mujeres Camino del Sepulcro (Rubio Valverde, que porta el emotivo grupo escultórico de Antonio Bernal) y de Santa María Salomé (Carrillo Marco). Y destacando la reciente incorporación, el Santo Entierro, de Yuste Navarro, de sublime categoría. Cada una de estas piezas bien merece, por sí mismas, la visita a Cieza. No resulta exagerado decir, en suma, que conjuntamente suponen un auténtico museo en la calle del mejor arte religioso nacional del siglo XX y principios del XXI.

Solemne es la procesión, también, por la marcialidad y el recogimiento que los distintos nazarenos y anderos confieren a su desfilar, y, naturalmente, también solemne por participación de mujeres ataviadas con la clásica mantilla española o el velo de luto de las genuinas lloronas y hombres vestidos de 'Manolo' o de etiqueta que acompañan, respectivamente, al Santísimo Cristo Yacente y a María Santísima de la Soledad.

Un buen lugar para contemplar la procesión del Entierro de Cristo sin que pierda su componente episódico sería, por ejemplo, la calle Larga, por cuyas estrecheces es admirable ver desfilar los hermosos pasos de la procesión. Este enclave, además de permitirnos disfrutar de la perfecta simbiosis entre calle y procesión, nos dará la posibilidad de poder acudir, al término del paso del cortejo, a la entrada del Santo Sepulcro, que supone la versión ciezana del momento de dejar el cadáver de Jesús tras la piedra del Sepulcro, recreación que incluye la declamación de emotivo texto de la propia cofradía perfectamente engarzado con la pieza compuesta con soberbia intuición por Salmerón Morote, que atina plenamente con una sencilla melodía tan apasionada como nítidamente fúnebre. Una escena, en fin, de honda emoción no solo para los cofrades 'dormis' sino para cualquiera de los muchísimos espectadores que se agolpan, a tientas, en la calle Cartas.

La última reunión será, por supuesto, a la entrada de la de María Santísima de la Soledad, acompañada de las autoridades religiosas, civiles y judiciales de la ciudad, a la que se le ofrecerá el pésame con la oración proclamada desde la torre de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción y repetida en un murmullo por toda la plaza antes de que la Virgen descanse definitivamente en su capilla y un nítido sentimiento de final comience a apoderarse de tantos cofrades que empiezan a ver como la Semana Santa empieza a escurrirse entre los dedos irremisiblemente.


Fotografías de Manuel Carpio y Enrique Centeno.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza

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