"A hora las pasiones aquietan, mueren los ecos de la vida y hasta la misma realidad se desdibuja diluyéndose en una oscuridad de ensueño. La noche hace calma y se duerme cuando Jesús agoniza sobre el madero. Pocos quedan en estas aceras. Todos esperan allá en la Plaza para la entrada. En la calle Cadenas, el Cristo de la Agonía desfila ahora sólo para sus hermanos del Silencio. Y cada uno de ellos, aferrado a la vara o la cera, lo siente más que nunca a su lado en una Comunión que se estrechará hasta fundirse al llegar a la Hoz. Sé que susurran: -¡no mueres solo, Señor, yo estoy contigo…! Los violines desgarran un quejido al ver cómo el Redentor se estira buscando un aliento que ya nunca llegará. ¡Se muere! Yo veo sus ojos clavados en las estrellas y pido: -¡Señor... guarda en tu Gloria a quien tanta gloria te dio!... Juan González Moreno".
Enrique Centeno González
Pregón de la Semana Santa de Cieza 2005
Una Procesión intimista, austera, y definitivamente emocionante, en la que todas las luces se apagan al paso de la procesión, al tiempo que los ruidos y conversaciones cotidianas de la ciudad cesan absolutamente. Precedido por las dos larguísimas hileras del tercio de nazarenos vestidos de negro, con velones encendidos, desfila en su trono el Santísimo Cristo de la Agonía, acompañado por un tambor destemplado y por una pequeña orquestina de violines, que interpreta piezas de música como El Cristo de la Agonía, Marcha Nº1 del Maestro Gómez Villa o El Rey Duerme de Javier Cano. A su llegada a la plaza, el paso irá avanzando entre las dos hileras de nazarenos, que hincan rodilla en tierra, hasta que vuelve a entrar el Cristo en la basílica de Nuestra Señora de la Asunción mientras muchos murmuran... "hasta el año que viene".
Hora de salida: 24:00h (Basílica de Nuestra Señora de la Asunción).
Hora de entrada: aproximadamente 2:30h (Basílica de Nuestra Señora de la Asunción).
Itinerario: Capilla del Santísimo Cristo de la Agonía, Plaza Mayor, Cid, La Parra, Rincón de los Pinos, Pinos, Larga, Buitragos, San Sebastián, Esquina del Convento, Mesones, Cadenas, Barco, La Hoz, Plaza Mayor y Capilla del Santísimo Cristo de la Agonía.
Orden de Procesión: estandarte de la Junta de Hermandades Pasionarias, Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía, Paso del Santísimo Cristo de la Agonía, clero, orquesta de violines y pueblo en general.
Singularidades y sugerencias: Una propuesta estética de perfiles propios, intensamente románticos, caracteriza la Procesión del Silencio de Cieza, merecidamente considerada uno de los puntos culminantes de la Semana Santa.
La peculiar puesta en escena, con esa oscuridad absoluta y ese silencio solo quebrado por la dulce música de violines que acompaña al Cristo, resulta tan extraordinariamente seductora para el público que con razón cautivó a don Ramón Sánchez Parra hasta el punto de que, en 1943, la reprodujo en Murcia casi en su literalidad, con la Cofradía del Santísimo Cristo del Refugio.
Aunque toda la procesión resulta íntima y edificante, para cualquier visitante es ineludible la asistencia a dos momentos fundamentales por razones muy distintas. La salida del Cristo vendrá precedida por la progresiva llegada a la Plaza Mayor de un sinfín de personas que la llenarán absolutamente; en este sentido conviene decir que para poder ver la procesión desde el lindero mismo del cortejo, en la salida, hay que guardar sitio con una hora de antelación, si bien es posible contemplarlo también, y desde luego no en primera fila, desde la zona central de la Plaza acudiendo algo más tarde.
Minutos antes de las doce de la noche, todo queda a oscuras hasta que con la primera campanada se abre el portón de la iglesia para que los nazarenos de la cofradía se vayan haciendo paso entre el gentío. En cuanto aparezca en el umbral el Santísimo Cristo de la Agonía, una de las obras de magisterio absoluto del gran escultor González Moreno, la sombra de la Cruz comenzará a trepar por la fachada de la basílica de Nuestra Señora de la Asunción.
Por otro lado, la entrada resulta también estremecedora, porque aunque acontezca bien entrada ya la madrugada, son centenares de personas las que no quieren perderse la llegada de la cofradía a la plaza y el emocionante momento en que los nazarenos se arrodillan para que pase el Cristo entre ellos, siempre arrullado por la música de violines, hasta recogerse en la basílica. Aunque es posible que el espectador haya querido concertar antes un encuentro íntimo con el Cristo, para lo cual debe acudir a la calle Cadenas, punto del cortejo de indudable y castizo sabor, por cuyas estrecheces apenas se asoman vecinos (que ya esperan la recogida en la plaza), motivo por el cual el 'procesionista de la acera' tendrá la oportunidad de una vivencia única y personalísima de la Procesión que difícilmente olvidará.
Que esta procesión se haga posible y mantenga intacto su espíritu se debe no sólo al empeño de la cofradía, sino al de todo el pueblo, en primer lugar por el espectacular silencio que preside el desfile y, en segundo y casi más importante, porque aunque las autoridades municipales colaboran apagando el alumbrado público, no hay un solo domicilio con la luz encendida, un solo comercio que haya olvidado, a la hora del cierre, que esa noche pasa el Señor de la Agonía y hay que dejar todo apagado para honrarlo con oscuridad y silencio.
Fotografías de Manuel Carpio y Enrique Centeno.
© Junta de Hermandades Pasionarias de Cieza