ECOS DE “EL ANDA” (IX) - La Cuaresma infinita

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Publicada el 20/03/2021 a las 19:30
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Tuvo, y aún tiene, el encargo más hermoso que puede recibir un ciezano. Se entregó a la tarea en cuerpo y alma, buscando la mejor forma de anunciar a los cofrades la llegada de los Días Grandes. Pero la historia se interpuso, y el Pregón de la Semana Santa de Cieza de José Antonio Gázquez sigue esperando un Domingo de Pasión en que todo vuelva a vestirse de ilusión. No es ya el encargado de anunciar las procesiones del 2020, sino algo mucho más importante: es el pregonero del Regreso de la Semana Santa.


 

José Antonio Gázquez Milanés

 

Parecía evidente. Se veía venir. Todo indicaba que iba a ser así. Y, pese a ello, algo en nuestro interior se resistía a aceptarlo, se negaba a reconocer una realidad para la que no estábamos preparados, esperanzados en que la situación se solucionara antes del inicio de nuestra Gran Celebración. La Cuaresma del 2020 transcurría con relativa normalidad, pero bajo una honda preocupación provocada por el rápido empeoramiento de la situación sanitaria, que se hizo insostenible a mediados del mes de marzo, abocándonos a un confinamiento domiciliario, y haciendo saltar en mil pedazos todo el trabajo y el esfuerzo realizado en los meses previos. La soledad y el desconsuelo colmaron nuestros sentimientos en aquellos aciagos días. Vosotros, cofrades, por no poder llevar a cabo los desfiles procesionales, y yo como pregonero, por no poder dedicaros el Pregón en el que había puesto tanta ilusión y tantas horas de desvelos.

Irremediablemente, nos vimos obligados a adaptarnos a una situación nueva. Al dolor de no poder celebrar como siempre, de manera colectiva, los momentos de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, se unía el dolor de las familias que perdían a seres queridos, víctimas de esta pandemia que comenzaba a hacer estragos en nuestra sociedad. Pero es precisamente ante esta adversidad donde se puso de manifiesto el sentimiento cofrade que, arraigado en una larga tradición, ha germinado en nuestro pueblo. Como buenos ciezanos, no nos resignamos a no celebrar nuestra Semana Santa.  No podíamos dejar de recordar en nuestra memoria a Jesucristo, que murió y resucitó por nosotros. Y nos dispusimos a celebrar una Semana Santa diferente, si cabe, más intensa.

Una Semana Santa distinta, pero no por ello una Semana Santa distante. De la expresión pública de nuestra fe en las calles, pasamos a una experiencia más íntima, en el seno familiar, dentro de nuestros hogares. Desde la intimidad nos dispusimos a vivir más intensamente su espíritu, su razón de ser, a reflexionar sobre el verdadero sentido de esta celebración, y a llenarnos de razones para la esperanza. La esperanza de un tiempo mejor.

Un año después, aquella Cuaresma que se nos quedó inacabada, parece haberse transformado en Cuaresma infinita, en espera eterna, ante la imposibilidad de sacar por segundo año los santos a la calle.  Frente a esta dilatada demora, mis palabras sólo pueden estar encaminadas a pediros que no cunda en vosotros el desánimo, que no os desalentéis, que nos preparemos todos a celebrar de nuevo una Semana Santa diferente a lo que estamos acostumbrados. Seamos partícipes de las actividades que la Junta de Hermandades Pasionarias y las Cofradías han organizado para mantener vivo el espíritu de nuestra Semana Santa, y poner en valor esta tradición tan arraigada en nuestro pueblo. Dispongámonos y preparémonos para volver con renovadas ilusiones y convirtamos esta celebración en la antesala de una próxima Semana Santa inolvidable.

Porque estoy convencido, y así lo siento, que el próximo año la Semana Santa de Cieza volverá a brillar con luz propia. Será la más esperada, la que, sin duda, hará que nuestros sentimientos y emociones afloren como nunca. Nos sentiremos felices, exultantes de alegría, porque el poder ver de nuevo los desfiles procesionales en la calle, o en mi caso, poder pregonar vuestra Semana Santa, será señal inequívoca de que la crisis sanitaria habrá remitido, habremos dejado atrás esta pandemia, y podremos celebrarla con relativa normalidad.

Todo se magnificará, será inevitable ante esta obligada ausencia, se vivirá más intensamente. Las imágenes nos parecerán más bellas, nos estremeceremos cuando veamos de nuevo abrirse el portón de la iglesia o el de la Casa de los Santos para que vuelvan a desfilar los pasos, la música nos producirá emociones que llegarán a lo más profundo de nuestros sentimientos, o el casco antiguo lucirá con mayor esplendor para convertirse en el escenario soñado. Porque hablar de Cieza es hablar de Semana Santa.

 

En este enlace podrás leer el artículo en pdf: https://drive.google.com/drive/folders/1KfsDR92DjjDHNpg04p0apgC7WBB3EZxV?usp=sharing

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